lunes, 14 de septiembre de 2026

El San Lazaro en el parque.

        Algún día, los entendidos posiblemente hagan un estudio de todos los traslados de edificios, fuentes, estatuas y demás elementos urbanos que se han movido en esta ciudad.

No he conseguido justificar ninguno de ellos; si acaso, el traslado del puente de Pelamios para evitar su pérdida, aunque viendo cuál parece ser su final, tampoco se justifica mucho. Habrá quien diga que la iglesia de los Franciscanos mejoró enormemente con el traslado y, sí, en su ubicación en el parque es mucho más visible que en su emplazamiento original, pero seguramente los vecinos de la zona alta de la ciudad echan en falta, en más de una ocasión, tener servicios religiosos cerca.

Hoy, con la ayuda de la IA, he mejorado esta fotografía que nos permite ver otra de las capillas que se desplazaron. En este caso, debemos estar contentos, porque la operación de traslado no fue precisamente un ejemplo de eficacia y sentido común: aunque se desmontó con rapidez y se suponía que se iba a erigir de nuevo en Peliquín, alguien se olvidó de dotar la operación de presupuesto. Todas las piedras desmontadas estuvieron abandonadas durante muchos años, lo que llevó a la desaparición de un buen número de piezas que los vecinos utilizaron para cierres y hornos. Al final se recuperó y hoy se puede disfrutar de ella en todo su esplendor en ese barrio ourensano que, en mi opinión, tiene un gran encanto; es de las zonas en las que aún se respira "vecindad".