San Cosme , El Areal no estaba acondicionado
y el funeral partió desde la que había sido plaza da Fonte Arcada. 1909 I.A.
Crónica Negra. La niña Carmen
No es la crónica negra
la que mas me gusta recordar, pero con frecuencia me comentáis que es bueno no
olvidarla intentando que no se repita. Difícil porque muchos no aprenden por
mas que se equivoquen, pero…
En mis
lecturas son muy variados los casos que podrían incluirse en esta Crónica Negra
Ourensana, algunos son causa de mayor repulsión que otros, principalmente
cuando la víctima es una niña indefensa como es este caso. Si por encima el
asesino también es menor de edad, aún resulta más inexplicable, pero ocurrió: El asesinato de san Cosme, 1909.
Me llamó la atención en su día ver que la prensa situaba los
hechos en el barrio de San Cosme, extramuros de la ciudad, cuando los hechos
ocurrieron en la calle Areal (aprox. Por detrás de la actual Sierra Martiña). Al
final decidí no preocuparme por el lugar exacto, y al no existir que yo sepa
imágenes del caso, con ayuda de la I.A. he intentado simular un escenario…
Retrocedamos a comienzos del año 1909, En un caserón de la
calle del Areal (que desemboca en San Cosme), viven la viuda Felicia Conde de
40 años con sus tres hijas de 14, 10 y año y medio; hace poco más de un año que
falleció el marido quien las dejo en una posición más o menos holgada: casa,
fincas, unos galpones que alquilaban para cría de ganado a otros vecinos y algo
de dinero.
Por otro lado, los hermanos G. Q. Avelino (15) y Manuel (17),
de una familia desestructurada, la madre con no buenos antecedentes y el padre
se había suicidado a finales del año anterior. Felicia que conocía a la
familia, al necesitar ayuda para las fincas decide contratar a Avelino a
comienzos del año, pero poco después viendo las pocas ganas de trabajar del
muchacho lo despide y le da su puesto a otro hermano G.Q. de once años. En el poco tiempo que estuvo en la casa,
Avelino conoce los andares y secretos, con lo que en varias ocasiones se sabe
que durmió en alguna dependencia anexa con su hermano mayor, y seguramente que,
aunque pasaran desapercibidos algún pequeño hurto llevó a cabo. El caso es que
la confianza fue a más, y así el 24 de julio en compañía de su hermano entran
de noche a la casa se comen unos trozos de empanada y cogen unas calderillas
que estaban en la cocina.
¡Ojalá!. Hubiera quedado ahí la cosa. Viendo lo fácil que les resultaba entrar y salir sin ser vistos, y conociendo la ubicación del arca donde Felicia guarda sus ahorros, deciden volver a actuar el 31 de julio. Duermen esa noche en un Ripper estacionado próximo a la calle del Baño, cosa que hacen con frecuencia y saben que temprano los verá el “Cojo”, un vendedor de hierba que los conoce de pequeños, y les servirá de coartada. Al despertar con cuidado de no ser vistos se acercan al caserón, donde al rato ven salir a Felicia con su hija mayor y el hermano pequeño de los G.Q. que había ocupado el puesto de Avelino. Entran en la casa y se dirigen hacia la habitación donde se guarda el arca. La desgracia quiso que en ese momento la niña Carmen de 10 años se despertara por el ruido y al salir de su cuarto viera a los ladrones. Soltó un grito y uno de ellos dio la vuelta y al verla, con un hacha que había cogido en la casa para romper el arca, le asesto dos golpes mortales en la cabeza. Con frialdad pasmosa siguen hacia el cuarto y con habilidad la abren y se hacen con el botín, unas pocas joyas y aproximadamente unas 1500 pesetas..
Ese
mismo día 1 de agosto, en la taberna del Panchito de la calle del Villar
enfrente de la plazuela de la Trinidad, son detenidos los dos hermanos, junto
al propio Panchito por encubridor
A pesar de la sencillez del caso, la justicia para
garantizar que no se cometan errores, es lenta y así fue como el juicio tardó
en celebrarse casi dos años. El 24 de mayo de 1911 se dicta sentencia:
Condenando a cada uno de los hermanos a 18 años de cárcel y a Manuel Otero a 8
meses por encubridor. Además de una indemnización para la familia de la
fallecida.
Con todo eso se hizo justicia pero la perdida jamás se repone,
los crímenes son así, se pueden perdonar, pero jamás olvidar.
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