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| El doctor Antonio Vazquez de Parga-Jorge posando con los niños del Orfanato de Osera, a su lado asoma la cabeza su fiel perro. Coloreada con Inteligencia Artificial |
“Mirando por la vista”
Historia de la oftalmología
en Ourense
Quizás el
hecho de utilizar gafas desde los tres años me haya hecho valorar el sentido de
la vista de manera especial. Admiro y respeto a quienes, con sus conocimientos,
me ayudaron a sobrellevar el eterno estigma del "gafotas" o el "gafitas
cuatro ojos, capitán de…". Eso, lo llevaba bastante bien; lo que me
molestaba de verdad era aquel tapón de goma que me pegaban en el cristal de la
gafa (en el ojo “bueno”) para estimular al vago. Con frecuencia, acababa usando
el parche para jugar al fútbol.
Pero
dejémonos de mis historietas. Hoy quiero recuperar la memoria de los
oftalmólogos y ópticos de nuestra Auria, centrándome en un pasado reciente que
a muchos nos resultará familiar.
A finales
del siglo XIX y principios del XX, la oftalmología no estaba segregada de la
medicina general. Los primeros nombres que aparecen en la prensa Ourensana (El
Miño, La Zarpa, La Región) solían ser médicos foráneos, castellanos
normalmente que anunciaban su especialidad en enfermedades de los ojos.
No tenían
consulta fija en la ciudad; se instalaban durante unos días en hoteles, fondas
como el Miño o la fonda Cuanda, (después Roma), o la de la famosa
Isidora, donde incluso operaban cataratas y afecciones menores. El primero
que he localizado es Emilio Alvarado, quien ya en 1899 se desplazaba
regularmente desde Valladolid junto al doctor Adolfo Álvarez. A ellos se
sumaron nombres como los doctores Gastaldo (1899), Fructuoso Alonso
(1902) o Garrido, Arechaga, Peralba, Catalá y Enríquez en años
posteriores.
El salto
definitivo a la modernidad ocurrió en 1967, cuando sus hijos, Manuel
y Pacita, abrieron el flamante local de la calle del Paseo. Aquellos
escaparates luminosos fueron el símbolo de un Ourense que despertaba, separando
definitivamente la figura del "oculista" de la del óptico moderno..
Junto a negocios como la Farmacia Román, la Casa de los Lentes es de los pocos
supervivientes que han sabido evolucionar sin perder su esencia.
Avancemos
ahora hasta finales de los años veinte para conocer al personaje que tal vez más
representativo de esta historia junto a esa óptica centenaria, os hablo del doctor
Antonio Vázquez de Parga Jorge
Republicano
convencido y presidente de Unión Republicana en 1936, sufrió en carnes propias
la fractura de la Guerra Civil. Es memorable su reclusión en la
prisión-orfanato del Monasterio de Oseira. Allí, en el "Escorial
gallego", su figura cobró una dimensión humana inmensa: la comunidad de
monjes lo acogió con tal respeto que incluso permitieron que su perro
conviviera con él en el monasterio.
Tras la
guerra, y a pesar de las dificultades del régimen, retomó su labor. Su legado
lo continuarían sus hijos, Antonio y Rosario, manteniendo el apellido
Vázquez de Parga como un referente de la medicina Ourensana hasta la
actualidad.
Entre la
consulta de Don Antonio y los mostradores de la Casa de los Lentes se dibujó la
historia visual de nuestros padres, de nuestros abuelos y la mía propia. Eran
tiempos de recetas manuscritas y de los primeros cristales progresivos; tiempos
en los que ir "al oculista" transformaba nuestra fisonomía mientras
estrenábamos gafas paseando por el Paseo.
A partir de
los años 60 y 70, a los herederos de Vázquez de Parga se sumaron profesionales
como Losada, Iglesias, Balbino
o Lorente, consolidando un elenco de especialistas excepcional para
nuestra ciudad, que hoy se complementa con clinicas especializadas. Tambien las opticas se multiplicaron con aperturas de grandes
profesionales, Gafa de Oro, Varela, incluso el barrio del Couto no hace mucho
estreno una optica ….
Mi más sincero agradecimiento a Doña Rosario Vázquez de Parga, por su amistad de tantos años y por su generosa colaboración para reconstruir estas líneas.















