miércoles, 23 de septiembre de 2026

La partida....

 


 No recuerdo el tiempo que hace que no juego una partida. No es que fuera yo un forofo del tema, pero sí que hubo dos épocas en las que pasaba el rato con el naipe.

La primera me pilló muy joven, no tendría más de 14 o 15 años, en el Fornos de la calle Doctor Marañón (donde hoy hay un restaurante chino). Allí descansábamos de los interminables partidos de fútbol que jugábamos, a veces, en medio de la calle; y, para no estar ociosos, echábamos una partida mientras bebíamos una gaseosa. Eran lujos de otro tiempo. En más de una ocasión he pensado en escribir sobre doña Carmen, la dueña, y Manolo, el encargado, pero no tengo ninguna fotografía ni de ellos ni del local.

La otra etapa ya fue con 19 o 20 años (y alguno más). En esa ocasión, la parte de arriba del Alaska, en el Parque, se convirtió en nuestro lugar de ocio de primera hora de la tarde y de la primera copa de la noche. No es que fueran partidas de aquellas que llamaban "los prohibidos"; en nuestro caso, era más que nada pasar el rato y ganarle el café o la copa al incauto que se atrevía a sentarse delante del "tahúr" de Martín. Yo, la verdad, era más un apoyo que un puntal.

Pero no es de mí de quien quiero hablar, sino de estos señores que veis en la fotografía que me presta Moncho da Barra. Se tomó a mediados de los años sesenta en El Coralín, el mítico bar-restaurante que frecuentaba la alta sociedad ourensana. Como veis, no se escondían, o sea que hacían lo mismo que yo: jugarse unos cafés y poco más. El caso es que asegura Moncho que en la mesa estaban algunos de los más conocidos comerciantes del centro de Ourense. Estos son los datos con los que cree documentar la fotografía, pero la memoria, según dice, le juega malas pasadas... ¡Qué me va a decir a mí!

En la foto está Aurelio Domínguez, el primer taxista que hubo en la parada del Parque (abuelo de Moncho), y con él jugaban el dueño de El Faro (padre de Adolfo Domínguez), el dueño de la Perfumería Carita, ¿Novedades Carlos?, la panadería ¿El Cartao?, El Bodegón y, me dice también, un negocio que no consigo situar en Ourense: Muebles Finisterre. ¿No sería, tal vez, El Palacio del Mueble?

A ver si me echáis una mano y me decís quién es cada uno, que sé que alguno de vosotros seguro que los conoce. ¿Verdad, Amador?

martes, 22 de septiembre de 2026

Barreiros, el concesionario del Paseo

 

No sé exactamente de qué año es la foto, pero me atrevería a situarla a finales de los cincuenta o comienzos de los sesenta.

 Creo recordar ese negocio en la esquina que hoy ocupa Cortefiel, aunque tengo dudas de si en mi infancia la marca que se vendía allí era ya Chrysler o Talbot. Hoy en día, ninguna marca de coches se plantearía abrir en un local tan céntrico, pero don Eduardo era un innovador y lo hizo. Después, que yo recuerde, también la Renault de Argones abrió en Juan XXIII (no hace demasiados años que cerró), e incluso recuerdo una marca de tractores en otro local de la calle del Paseo (hablo de memoria, pero creo que era Marcial Vázquez Crespo...).

De Eduardo Barreiros no voy a contaros nada nuevo; ya sabemos que fue uno de los ourensanos que puso nuestra ciudad en el mapa y que, si hubiera tenido más apoyos estatales, ¿quién sabe qué habría logrado? No me atrevo a vaticinar hasta dónde habría llegado, pero lo cierto es que, con sus propios medios y conocimientos, construyó la mayor fábrica de automoción del país.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Nacia un barrio. Covadonga

 

En los años sesenta el gobierno inició un plan de vivienda que buscaba solucionar uno de los principales problemas de los españoles. En Ourense ciudad se solapó con el plan de la Caja de Ahorros de construir viviendas de precios ajustados, y surgieron urbanizaciones por todos los barrios. Hoy os muestro los comienzos de Covadonga.

El emplazamiento seleccionado era un lugar vistoso, con la entidad y el entorno idóneos para albergar un pazo señorial —el cual ya existía y se conserva en la actualidad—. Aunque inicialmente no se encontraba en el centro neurálgico de la ciudad, un factor de aislamiento que, con la planificación adecuada y voluntad política, tenía solución (que buena falta hacía).

Las imágenes de la época inmortalizaron el inicio de las obras de edificación de estos primeros bloques. Este proyecto técnico daría origen a una trama urbana con una sugerente identidad, bautizando sus primeras vías con los nombres de Saturno, Mercurio, Urano, Júpiter, Cibeles y Juno. Nunca entenderé por qué, pudiendo honrar a tantos ciudadanos o lugares autóctonos, se buscan este tipo de opciones para nuestras calles... La mitología está muy bien, y de hecho se ha utilizado para nombrar algo tan universal como el sistema planetario, pero para una calle, algo más próximo sería lo ideal, ¡digo yo! Que uno sale de casa a comprar el pan y parece que va camino del espacio.

 


viernes, 18 de septiembre de 2026

Que hubiera pasado

En 1895 se había eliminado el viejo Ponte Pedriña y, después de un tiempo con uno provisional de madera, se levantó este Muro puente (Foto 1957 Miguel Angel Villar recuperada con I.A.). si os fijais vereis que faltaba una calle al completo...

Hubiera cambiado la ciudad.

Ya me anticipo a las muchas opiniones que no coincidirán con la mía, y admito que quizá quienes las sostienen tengan razón y sea yo quien esté equivocado. Pero la realidad es que, como nunca se llevó a cabo, jamás sabremos qué habría sucedido.

Intentad imaginar por un momento que se hubiera decidido cubrir el cauce del Barbaña entre el puente de Marcelo Macías y el puente Lebrón. En mi opinión, habría sido una idea magnífica… aunque solo comparable con otra posibilidad que todavía hoy me parece más atractiva: haber transformado ese recorrido en una gran zona de recreo y disfrute, aprovechando todas las posibilidades que ofrece tener un río encauzado atravesando la ciudad.

Por desgracia, ninguna de las dos opciones llegó a desarrollarse plenamente. Es cierto que la desembocadura fue cubierta y hoy ese espacio lo ocupa la calle Pardo de Cela, cuyo principal objetivo es aliviar el tráfico del centro; aunque, para ser justos, con un resultado que probablemente los peatones valoran con bastante menos entusiasmo.

También existe un paseo que continúa mejorándose poco a poco y que invita a pensar que quizá algún día la segunda opción termine por convertirse en realidad. De momento ya contamos con varias zonas ajardinadas. Confiemos en que se siga avanzando en esa dirección.

Pero vayamos al comienzo de esta historia.

En la vieja Auria, tener este río vertebrando la ciudad era, en principio, una auténtica comodidad: permitía dar salida con facilidad a las alcantarillas. Una solución práctica… o al menos eso parecía mientras la ciudad mantenía unas dimensiones razonables. Como suele ocurrir con ciertas ideas que parecen brillantes mientras el problema cabe en una libreta, a medida que Ourense fue creciendo aquello que había nacido como una ventaja empezó a convertirse, a pasos agigantados, en un serio problema de salud pública.

Postal EJP Paris Irun 1914. Vista del Barbaña desde el Polvorin???

No me consta desde cuándo comenzó en la ciudad la reivindicación del encauzamiento del Barbaña, pero sí sabemos que ya desde el siglo XIX la limpieza de sus aguas era un clamor popular. Entre actuaciones puntuales y remiendos municipales, el problema seguía ahí, esperando a que alguien decidiera afrontarlo de verdad.

Fue finalmente en 1915 cuando se recibió del Ministerio de Fomento la cantidad de 31.444 pesetas (aunque lo parezca. aquello no era escaso). Según los cálculos de la época, equivalía aproximadamente al pago de unas 12.000 horas de trabajo de un peón o, dicho de otro modo, permitía contratar a unos 40 obreros durante un año entero. Aun así, la magnitud del problema era tal que aquella inversión apenas alcanzaba para sanear el río. Porque llegado cierto punto ya no se trataba de limpiar el Barbaña: se trataba de intentar convencer a un río de que dejara de comportarse como la alcantarilla que durante décadas le habíamos pedido que fuese.

Se reintentó en 1932, pero en esta ocasión las arcas municipales no pudieron hacer frente a la parte que le correspondía y de nuevo quedó el tema pendiente.

Fue por fin en los años 50 cuando cogió de nuevo impulso dar solución al problema. Entre mis lecturas apareció un plan de esa década que proponía una solución integral a los males del Barbaña: desagües descontrolados, limpieza del cauce y eliminación de los puentes más débiles. Sobre la mesa estaba la opción de crear un nuevo vial cubriendo el cauce, algo que habría cambiado significativamente el tráfico de la ciudad. Sin embargo, aunque se comenzaron los trabajos, el elevado coste de las losas de hormigón que debían taparlo hizo que esa idea se desvaneciera.

A principios del siglo XX esta poldra no tenía nombre y hoy, aunque se ha convertido en un puente, sigue sin tenerlo; es el de la plaza de abastos... se le llamó un tiempo "puente pequeño", pero…

La realidad es que las obras de aquellos años cincuenta consiguieron evitar que las crecidas del Barbaña ocasionaran grandes problemas y se soterraron los primeros colectores de aguas residuales. Sin embargo, quedó pendiente la remodelación profunda del antiguo Ponte Pedriña. Este paso se había reconvertido provisionalmente en el "Muro puente" que veis en la fotografía de 1957, un punto negro que en su día solo disponía de un único ojo, interrumpiendo el paso por los márgenes. Hubo que esperar hasta la década de los 90 para que se acometieran las obras definitivas de apertura de la base y ampliación de la superficie, dando lugar al actual Puente de Ervedelo con sus dos carriles de circulación y amplias aceras.

Haciendo memoria, no hace mucho que algunos vecinos de O Couto me comentaban cómo recordaban que, durante esa última gran reforma, tenían que cruzar el río por una estructura de madera provisional que, según me decían, era un poco “precaria”...

A día de hoy, y desde 1996, la idea de cubrir el río ha quedado descartada por completo. Se han eliminado los vertidos directos totalmente y se ha iniciado la construcción del paseo fluvial y las zonas ajardinadas que algún día valoraremos como una de las mejores zonas de la ciudad. Hoy, en mi modesta opinión, le falta uso… y vosotros, ¿creéis que le falta vida al paseo actual o que realmente se debería haber cubierto en los cincuenta?

Foto original del diario Pueblo Gallego



jueves, 17 de septiembre de 2026

La historia del banco de La Coruña en Auria

     Tengo unos buenos amigos que fueron empleados de esta histórica entidad bancaria y ellos fueron quienes me contaron cómo eran, antiguamente, los tratos con la clientela; con sus luces y sus sombras. Hay algo esencial que no ha cambiado por más que haya pasado el tiempo: para el banco, "tanto tienes, tanto vales". Pero no voy a entrar en esos temas, sino en otros detalles que me transmitían.

Como sabemos, los ordenadores son algo muy reciente. La banca de antes no tenía más remedio que realizar a mano todos los apuntes contables; un proceso que ralentizaba enormemente el trabajo pero que, sin duda, tenía su encanto. A cambio, cada sucursal necesitaba un número considerable de empleados. Y por qué no decirlo: en aquella época, ser empleado de banca aportaba un gran prestigio social, por no hablar ya de ser director o interventor. Hoy en día, el reconocimiento y el sueldo se han equiparado al de la mayoría de los profesionales; no es que no se les tenga consideración, pero no se puede comparar con lo que me cuentan de aquellos tiempos.

El caso es que mis amigos me han facilitado un folleto que se editó para clausurar la historia de la entidad en Ourense. En él sale esta fotografía de la oficina del Paseo. No sé si, solo por la imagen, ya sabéis dónde estaba ubicada???. Si os fijáis a la derecha, se puede ver el inicio de las escaleras de Paz Novoa.

        Fue el viernes 1 de junio de 1928 cuando se celebró su inauguración. Su primer director fue don Ricardo Castro Herrero, quien estuvo al frente hasta 1931. Después le sucedió Joaquín Rodríguez, hasta 1948; seguido de Florencio Domínguez Caamaño, hasta marzo de 1964; y, finalmente, Enrique Grandal Diana. Este último fue quien vivió el periodo de fusión con el Banco de Bilbao y el traslado a la nueva oficina del Paseo, esquina con Concordia, en el solar que había ocupado la Chevrolet. Grandal Diana fue director desde 1970 —año en que se fusionaron ambas entidades— hasta su prejubilación en 1984.

El Banco de La Coruña llegó a tener hasta siete sucursales en nuestra provincia. Las primeras fueron las de Ourense, Verín, A Rúa y Ribadavia. En 1933 cerró la oficina del Ribeiro y no hubo más movimientos hasta que se abrió la oficina de Canedo en 1955, la de Cualedro en 1966 y, finalmente, Celanova y Ribadavia, que reabrió en 1969 para ver si esta vez lograba consolidarse. Sin embargo, como os he dicho, en 1970 el Banco de La Coruña se fusionó con el de Bilbao, por lo cual... eso ya es otra historia.