viernes, 18 de septiembre de 2026

Que hubiera pasado

En 1895 se había eliminado el viejo Ponte Pedriña y, después de un tiempo con uno provisional de madera, se levantó este Muro puente (Foto 1957 Miguel Angel Villar recuperada con I.A.). si os fijais vereis que faltaba una calle al completo...

Hubiera cambiado la ciudad.

Ya me anticipo a las muchas opiniones que no coincidirán con la mía, y admito que quizá quienes las sostienen tengan razón y sea yo quien esté equivocado. Pero la realidad es que, como nunca se llevó a cabo, jamás sabremos qué habría sucedido.

Intentad imaginar por un momento que se hubiera decidido cubrir el cauce del Barbaña entre el puente de Marcelo Macías y el puente Lebrón. En mi opinión, habría sido una idea magnífica… aunque solo comparable con otra posibilidad que todavía hoy me parece más atractiva: haber transformado ese recorrido en una gran zona de recreo y disfrute, aprovechando todas las posibilidades que ofrece tener un río encauzado atravesando la ciudad.

Por desgracia, ninguna de las dos opciones llegó a desarrollarse plenamente. Es cierto que la desembocadura fue cubierta y hoy ese espacio lo ocupa la calle Pardo de Cela, cuyo principal objetivo es aliviar el tráfico del centro; aunque, para ser justos, con un resultado que probablemente los peatones valoran con bastante menos entusiasmo.

También existe un paseo que continúa mejorándose poco a poco y que invita a pensar que quizá algún día la segunda opción termine por convertirse en realidad. De momento ya contamos con varias zonas ajardinadas. Confiemos en que se siga avanzando en esa dirección.

Pero vayamos al comienzo de esta historia.

En la vieja Auria, tener este río vertebrando la ciudad era, en principio, una auténtica comodidad: permitía dar salida con facilidad a las alcantarillas. Una solución práctica… o al menos eso parecía mientras la ciudad mantenía unas dimensiones razonables. Como suele ocurrir con ciertas ideas que parecen brillantes mientras el problema cabe en una libreta, a medida que Ourense fue creciendo aquello que había nacido como una ventaja empezó a convertirse, a pasos agigantados, en un serio problema de salud pública.

Postal EJP Paris Irun 1914. Vista del Barbaña desde el Polvorin???

No me consta desde cuándo comenzó en la ciudad la reivindicación del encauzamiento del Barbaña, pero sí sabemos que ya desde el siglo XIX la limpieza de sus aguas era un clamor popular. Entre actuaciones puntuales y remiendos municipales, el problema seguía ahí, esperando a que alguien decidiera afrontarlo de verdad.

Fue finalmente en 1915 cuando se recibió del Ministerio de Fomento la cantidad de 31.444 pesetas (aunque lo parezca. aquello no era escaso). Según los cálculos de la época, equivalía aproximadamente al pago de unas 12.000 horas de trabajo de un peón o, dicho de otro modo, permitía contratar a unos 40 obreros durante un año entero. Aun así, la magnitud del problema era tal que aquella inversión apenas alcanzaba para sanear el río. Porque llegado cierto punto ya no se trataba de limpiar el Barbaña: se trataba de intentar convencer a un río de que dejara de comportarse como la alcantarilla que durante décadas le habíamos pedido que fuese.

Se reintentó en 1932, pero en esta ocasión las arcas municipales no pudieron hacer frente a la parte que le correspondía y de nuevo quedó el tema pendiente.

Fue por fin en los años 50 cuando cogió de nuevo impulso dar solución al problema. Entre mis lecturas apareció un plan de esa década que proponía una solución integral a los males del Barbaña: desagües descontrolados, limpieza del cauce y eliminación de los puentes más débiles. Sobre la mesa estaba la opción de crear un nuevo vial cubriendo el cauce, algo que habría cambiado significativamente el tráfico de la ciudad. Sin embargo, aunque se comenzaron los trabajos, el elevado coste de las losas de hormigón que debían taparlo hizo que esa idea se desvaneciera.

A principios del siglo XX esta poldra no tenía nombre y hoy, aunque se ha convertido en un puente, sigue sin tenerlo; es el de la plaza de abastos... se le llamó un tiempo "puente pequeño", pero…

La realidad es que las obras de aquellos años cincuenta consiguieron evitar que las crecidas del Barbaña ocasionaran grandes problemas y se soterraron los primeros colectores de aguas residuales. Sin embargo, quedó pendiente la remodelación profunda del antiguo Ponte Pedriña. Este paso se había reconvertido provisionalmente en el "Muro puente" que veis en la fotografía de 1957, un punto negro que en su día solo disponía de un único ojo, interrumpiendo el paso por los márgenes. Hubo que esperar hasta la década de los 90 para que se acometieran las obras definitivas de apertura de la base y ampliación de la superficie, dando lugar al actual Puente de Ervedelo con sus dos carriles de circulación y amplias aceras.

Haciendo memoria, no hace mucho que algunos vecinos de O Couto me comentaban cómo recordaban que, durante esa última gran reforma, tenían que cruzar el río por una estructura de madera provisional que, según me decían, era un poco “precaria”...

A día de hoy, y desde 1996, la idea de cubrir el río ha quedado descartada por completo. Se han eliminado los vertidos directos totalmente y se ha iniciado la construcción del paseo fluvial y las zonas ajardinadas que algún día valoraremos como una de las mejores zonas de la ciudad. Hoy, en mi modesta opinión, le falta uso… y vosotros, ¿creéis que le falta vida al paseo actual o que realmente se debería haber cubierto en los cincuenta?

Foto original del diario Pueblo Gallego



jueves, 17 de septiembre de 2026

La historia del banco de La Coruña en Auria

     Tengo unos buenos amigos que fueron empleados de esta histórica entidad bancaria y ellos fueron quienes me contaron cómo eran, antiguamente, los tratos con la clientela; con sus luces y sus sombras. Hay algo esencial que no ha cambiado por más que haya pasado el tiempo: para el banco, "tanto tienes, tanto vales". Pero no voy a entrar en esos temas, sino en otros detalles que me transmitían.

Como sabemos, los ordenadores son algo muy reciente. La banca de antes no tenía más remedio que realizar a mano todos los apuntes contables; un proceso que ralentizaba enormemente el trabajo pero que, sin duda, tenía su encanto. A cambio, cada sucursal necesitaba un número considerable de empleados. Y por qué no decirlo: en aquella época, ser empleado de banca aportaba un gran prestigio social, por no hablar ya de ser director o interventor. Hoy en día, el reconocimiento y el sueldo se han equiparado al de la mayoría de los profesionales; no es que no se les tenga consideración, pero no se puede comparar con lo que me cuentan de aquellos tiempos.

El caso es que mis amigos me han facilitado un folleto que se editó para clausurar la historia de la entidad en Ourense. En él sale esta fotografía de la oficina del Paseo. No sé si, solo por la imagen, ya sabéis dónde estaba ubicada???. Si os fijáis a la derecha, se puede ver el inicio de las escaleras de Paz Novoa.

        Fue el viernes 1 de junio de 1928 cuando se celebró su inauguración. Su primer director fue don Ricardo Castro Herrero, quien estuvo al frente hasta 1931. Después le sucedió Joaquín Rodríguez, hasta 1948; seguido de Florencio Domínguez Caamaño, hasta marzo de 1964; y, finalmente, Enrique Grandal Diana. Este último fue quien vivió el periodo de fusión con el Banco de Bilbao y el traslado a la nueva oficina del Paseo, esquina con Concordia, en el solar que había ocupado la Chevrolet. Grandal Diana fue director desde 1970 —año en que se fusionaron ambas entidades— hasta su prejubilación en 1984.

El Banco de La Coruña llegó a tener hasta siete sucursales en nuestra provincia. Las primeras fueron las de Ourense, Verín, A Rúa y Ribadavia. En 1933 cerró la oficina del Ribeiro y no hubo más movimientos hasta que se abrió la oficina de Canedo en 1955, la de Cualedro en 1966 y, finalmente, Celanova y Ribadavia, que reabrió en 1969 para ver si esta vez lograba consolidarse. Sin embargo, como os he dicho, en 1970 el Banco de La Coruña se fusionó con el de Bilbao, por lo cual... eso ya es otra historia.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Las inundaciones de Xinzo


Ya os he hablado en varias ocasiones de las inundaciones que sufrió la Limia en 1966. Incluso os conté cómo Pastor Fábrega y un amigo, que habían ido a pescar con su barca, terminaron colaborando en el rescate de numerosos vecinos.

Hace poco encontré una fotografía en la prensa de la época que refleja con total claridad la magnitud del desastre. Contemplar barcas navegando por las calles puede parecer una imagen curiosa hoy en día, pero para los afectados fue una experiencia aterradora: plantas bajas anegadas, corrales inservibles y sótanos completamente destrozados.

Por fortuna, la villa supo reponerse...

martes, 15 de septiembre de 2026

Irreconocible

No hace muchos días os mostraba otra fotografía similar a esta. El motivo de que los ourensanos quisieran guardar esta imagen de recuerdo, precisamente por lo que "NO" veis en ella, está claro. Y es que la zona iba a sufrir un cambio radical: el Camiño do Vao y todo su entorno se convertirían en el primer centro comercial de la ciudad.

Hoy, tras más de 25 años en funcionamiento, tal vez se podría hacer un estudio para conocer su influencia en el comercio local. Aunque, viendo los derroteros que está tomando el comercio tradicional frente a la competencia digital, casi mejor no meterse en ese jardín... los expertos sabrán.

lunes, 14 de septiembre de 2026

El San Lazaro en el parque.

        Algún día, los entendidos posiblemente hagan un estudio de todos los traslados de edificios, fuentes, estatuas y demás elementos urbanos que se han movido en esta ciudad.

No he conseguido justificar ninguno de ellos; si acaso, el traslado del puente de Pelamios para evitar su pérdida, aunque viendo cuál parece ser su final, tampoco se justifica mucho. Habrá quien diga que la iglesia de los Franciscanos mejoró enormemente con el traslado y, sí, en su ubicación en el parque es mucho más visible que en su emplazamiento original, pero seguramente los vecinos de la zona alta de la ciudad echan en falta, en más de una ocasión, tener servicios religiosos cerca.

Hoy, con la ayuda de la IA, he mejorado esta fotografía que nos permite ver otra de las capillas que se desplazaron. En este caso, debemos estar contentos, porque la operación de traslado no fue precisamente un ejemplo de eficacia y sentido común: aunque se desmontó con rapidez y se suponía que se iba a erigir de nuevo en Peliquín, alguien se olvidó de dotar la operación de presupuesto. Todas las piedras desmontadas estuvieron abandonadas durante muchos años, lo que llevó a la desaparición de un buen número de piezas que los vecinos utilizaron para cierres y hornos. Al final se recuperó y hoy se puede disfrutar de ella en todo su esplendor en ese barrio ourensano que, en mi opinión, tiene un gran encanto; es de las zonas en las que aún se respira "vecindad".