Hoy se hace difícil imaginar esta zona de la ciudad sin ver a nuestro "vigilante". En los años sesenta, la calle Curros Enríquez afrontaba su mayor remodelación: la construcción de la Torre.
Desde que el Puente Nuevo —el de hierro— abrió el paso hacia Canedo, comenzó una transformación constante de un espacio que, en su mayoría, estaba vacío. Según mis datos, esa "manzana" que hoy forman la Subdelegación del Gobierno y la Torre solo albergaba una edificación, la que veis a la derecha: la Panificadora Cívico-Militar.
En lo que hoy es el final de Juan XXIII, solo había un camino de tierra que daba acceso a las casas de los temporeros que venían a cuidar las viñas y a realizar la vendimia (terreno que después ocuparía el Club de Tenis). Tampoco existía el edificio del INSS ni los bloques contiguos; desde lo que hoy es la calle Concejo, lo que se veía era un muro de piedra que daba privacidad al llamado Campo de los Maristas.
¡Bufff, ya me metí en otro lío! Los Maristas habían estado en el edificio de la Subdelegación de Defensa y su campo de juegos cruzaba todo el terreno que hoy conocemos como Juan XXIII... ¡Cuánto cambio!
