miércoles, 3 de junio de 2026

La casa del deán Bedoya

Museo Etnoloxico de Ribadavia, Xunta de Galicia. Archivo Pacheco

Estampas de Ourense a mediados do século XVIII es uno de los muchos trabajos que nos ha regalado don Ramón, y os recomiendo su lectura. Es, en mi modesta opinión, imprescindible para conocer nuestra ciudad. Se publicó en 1927, formando parte del tomo I de los Arquivos do Seminario de Estudos Galegos. La primera vez que lo leí fue de un tirón, porque la curiosidad me hacía querer abarcar todos los datos que nos facilitaba; pero, con el tiempo, han sido incontables las revisiones que he hecho de manera particular.

En estos días estoy preparando mis lecturas veraniegas y, de nuevo, le voy a dar un repaso; siempre encuentro datos nuevos. Hoy, con esta fotografís de Augusto Pacheco, os enseño la casa donde vivió el deán —y casi obispo— Bedoya, en la calle San Pedro. Sin duda, la cercanía con la catedral fue lo que aconsejó al buen sacerdote vivir en esa calle, ya que por su belleza e iluminación, desde luego, no fue.

"Na rúa S. Pedro, na casa que tén un santo, viviu o principio do XIX o célebre deán e bispo Bedoya a quen se debe a conservazón do que resta do patín S. da catedral."

Unas líneas más abajo, nos cuenta que no fue por su consejo ni financiación, sino por su empeño personal en impedir que se eliminara todo el patín, oponiéndose físicamente a los trabajos. Aquí os dejo las palabras de don Ramón:

"O bocadiño que resta arredor da porta S. do cruceiro da basileca, é debido a enerxía do deán Bedoya morto en 1850: sendo gobernador Sede vacante saíu da súa casa da rúa de S. Pedro pra estorbar ós canteiros que rematasen a demoliceon do Patín."

Foto Martiño

Dos puntualizaciones:

En primer lugar, el deán no llegó a ser obispo —¿o sí?— por decisión propia: renunció a la sede vacante dos meses después de ser nombrado por la reina. Su edad le sirvió de justificación. De todas maneras, el haber sido obispo electo le permitió, a la hora de su muerte, tener el honor de recibir sepultura en la Seo. Consta que Otero sentía gran respeto por el deán.

Por otro lado, aunque no tengo datos de que el patín sur fuera más grande, como apunta el relato de don Ramón, su eliminación podría corresponderse con la modificación que se hizo de esta fachada. La mayor parte de la Plaza de las Damas estaba incluida en la catedral y era un jardín poblado de naranjos donde la curia aprovechaba los momentos de descanso. Tal vez, siguiendo la línea del patín actual, podamos conocer hasta dónde se prolongaba ese espacio.