viernes, 2 de octubre de 2026

A Conchada, Toen. (1927-2011)

La maqueta que los alumnos de la Diputación hicieron del primer diseño, bajo la dirección de Luis Xesta, es la única prueba que tenemos de lo que iba a ser este proyecto. Era mayo de 1929 y la maqueta se expondría en Sevilla y Barcelona. Cuando se iniciaron las obras el parecido era escaso, pero el resultado, mucho más ambicioso…

“A Conchada”

Psiquiátrico de Toen

Hay edificios que nacen con una vocación y acaban teniendo otra completamente distinta. El de Toén quería ser leprosería y terminó siendo psiquiátrico. Tiene su lógica: la lepra casi había desaparecido, pero los locos, ¡ay!!!, esos nunca faltan.

Todo empezó en 1927 cuando alguien tuvo la idea de construir una leprosería para dar servicio a casi toda Galicia. Ourense fue elegida por unanimidad —uno de esos raros momentos en que casi todo el mundo está de acuerdo en algo—. El concello de Toén ofreció los terrenos de los montes de Costeira y Bacariza, en el Lugar de A Conchada (San Pedro de Moreiras) y rápidamente la Diputación provincial los consideró una perfecta ubicación. Buen gesto, aunque la historia que vino después fue, como suele pasar, bastante más lenta y enredada de lo que nadie esperaba. Antes de seguir, un dato: en aquellos tiempos se construía también el sanatorio de Piñor y por esa coincidencia es frecuente encontrar errores en la prensa de la época.

Se encargó el proyecto al arquitecto de la Diputación Antonio Conde Fidalgo, y para 1929 ya tenía hasta maqueta, construida con mucho mimo por el profesor Luis Xesta y sus alumnos. Tan orgullosos estaban que la llevaron a exhibir a la Exposición Iberoamericana de Sevilla, y también a la Internacional de Barcelona, donde proyecto y maqueta recibirían grandes parabienes. Lo que finalmente se construiría ya no se parecía tanto a ella, pero eso es otro cantar.

1929 Conde Fidalgo (X).  en la Expo de Sevilla durante la visita del Rey

Luego llegó el silencio. Años y años sin que el proyecto avanzara un palmo. No hay explicación clara para tanto parón —si exceptuamos el paréntesis bélico—, pero en este país las grandes obras sanitarias siempre han tenido el don de la paciencia infinita. No fue hasta 1944 cuando las cosas volvieron a moverse, y la Diputación cedió oficialmente los terrenos al Ministerio de la Gobernación. Para entonces ya nadie hablaba de leprosería: los pabellones, construidos en piedra con mucho cuidado y detalle, esperaban un destino diferente.

Ese destino llegó con el ofrecimiento al Patronato Nacional de Higiene Mental. Fue el presidente de la Diputación, Rodríguez de Dios —a quien hay que citar con justicia porque sin su empeño esta historia habría quedado en nada— quien vio la oportunidad. La Diputación gastaba cada año una fortuna enviando enfermos al sanatorio de Conxo en Santiago, y aun así registraba quejas frecuentes por la atención que estos recibían. Había alternativas, sí, pequeños centros como el de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en O Couto, pero era muy pequeño y de coste elevado. En Toén tenían edificios, terrenos y carretera. Solo faltaba convencer al Ministerio. Y Rodríguez de Dios lo consiguió. Unas modificaciones serian suficientes: ya no seria necesario tener tan separadas las construcciones, al no ser enfermedad contagiosa, pero ningún edificio debería de tener mas de dos alturas por riesgo de…

Dejaré al margen el tema de las obras, solo citaré a la empresa Rodolfo Lama como la encargada de llevarlas a cabo, y que en la administración de la obra estuvo mi suegro Pepe “Labareda” casi desde el comienzo. Con apenas 14 años, ya conocia por nombre y apellidos a los mas de 400 obreros que a diario tenian que ser controlados para que cobraran puntualmente las horas trabajadas.

Uno de los edificios de A Conchada, fotografiado en 1955. Terminado, vacío y esperando. 

La puesta en funcionamiento fue otra odisea. Desde 1957 se anunciaba la apertura, pero hubo continuos retrasos que fueron venciendo uno a uno con voluntad firme. A finales del 58 llegaron a la ciudad las monjas que se encargarían del cuidado de los internos, las HH. de la Caridad de María Santísima del Huerto, con la experiencia de haber atendido en Madrid el Hospital del doctor Nájera. Ellas gestionarían las compras del ajuar preciso. En enero del 59 se nombró al doctor Manuel Cabaleiro Goas como primer director, pensando que todo estaba a punto, pero… se hablaba ya de una puesta en funcionamiento más que de una inauguración, y el doctor, con la mejor de las voluntades, no tuvo más remedio que señalar las carencias.

Quince días antes de que llegaran los primeros enfermos trasladados desde Conxo, el propio Rodríguez de Dios andaba pidiendo ayuda a los alcaldes de la provincia para reunir las 170.000 pesetas que costaba un encefalógrafo. Sí, han leído bien: el centro iba a abrir sus puertas sin uno de los aparatos básicos de diagnóstico de la época. Fueron muchos los alcaldes que contribuyeron, y no precisamente por altruismo puro: todos pensaban en poder alojar algún día en el centro a alguno de sus paisanos. Porque ya se sabe, aquello de que cada pueblo tenía su tonto. Hoy, ??????. 

 El día que el centro echó a andar, el doctor Cabaleiro aprovechó la ocasión para pedirle al gobernador que mediara para que les instalaran el teléfono. Así, en 1959, a más de doce kilómetros de la ciudad, con enfermos mentales a su cargo, el psiquiátrico de Toén no tenía línea telefónica. Si algún paciente desaparecía, la única opción era mandar a alguien corriendo a avisar a las autoridades. Una situación tan surrealista que casi encajaría mejor en el repertorio de sus propios internos. El personal y los 14 primeros enfermos estaban preparados. El centro, casi…. Entre las carencias, en muchos artículos consultados citan la carencia de instalaciones preparadas para internar a mujeres, y de hecho jamás se construyeron, al final se acondicionó una zona del edificio general para albergar a 30 pero era a todas luces insuficientes. Por no recordar que eso ya fue en los 80….

Capitán Bombilla. un personaje  entrañable

Y aquí viene la parte que más me gusta de esta historia. En el sanatorio residían personajes de los que yo llamo entrañables. Uno de ellos era Emilio, más conocido como el Capitán Bombilla, aunque también le llamaban Emilio O Do Toxo. Durante muchos años había vivido en la ciudad, durmiendo en el horno de Camilo en el Puente o en el de Chaparro en la avenida de Buenos Aires, cuando no en cualquier portal. Emilio estaba considerado loco, pero si lo veías hablando con los niños te entraban serias dudas sobre quiénes podían ser los locos y quiénes no. En sus últimos años, quizás de manera acertada, se decidió llevarlo a Toén. Allí, sin uniforme ni gorra ni toxos ni bombillas, admitía que Toén era su casa, que allí estaba su familia.

A Conchada fue eso para mucha gente: un lugar con historia, con raíces, con personas. Cierto alcalde de Toén solía decir que sin sus "locos", el municipio se habría muerto de olvido. Una enfermedad, esa sí, muy difícil de erradicar en estas tierras.

La inauguración oficial, por mis datos, aún se espera. Lo que si es bueno recordar es que el centro sirvió además de para dar asistencia a un buen numero de enfermos, para que se formaran excelentes psiquiatras que han dejado y dejan huella en la psiquiatría actual… Lamas, Cabaleiro….


jueves, 1 de octubre de 2026

1936 Sala de dibujo, Escuela de artes y oficios

La I.A. como sabemos incurre con frecuencia en errores, supongo que de manera intencionada, pera aprender de sus errores. no creo que el techo del aula fuera abovedado.

Continúo aprovechando las virtudes de la I.A., que las tiene, lo mismo que defectos.

Hoy os muestro lo que se puede hacer con una fotografía de la que solamente he conseguido esta copia casi indescifrable. Por el texto que la acompaña sabemos que se trataba del aula de dibujo que la Diputación había creado en 1936.

No voy a aburriros con datos, pero quizás interese recordar que estas aulas son útiles para la sociedad desde 1857, cuando por ley se decidió crear, en poblaciones que llegasen a las 10 000 almas, una clase de dibujo lineal y de adorno con aplicación a las artes mecánicas. Algo tan sencillo como dibujar era muy necesario para múltiples profesionales —carpinteros, albañiles, herreros, etc.— y con estas clases se mejoraría significativamente su técnica.

Desde ese año de 1857, su funcionamiento fue muy cambiante según la coyuntura y el interés de los políticos de turno. Sin embargo, en 1924 se creaba la «Escuela Obrera de Dibujo». Con la llegada al puesto de Luis Fernández Xesta, el centro comenzó su momento de mayor esplendor. En los primeros años fue un local del instituto el que ocupó la escuela, hasta el incendio de diciembre del 27.

En esos años el profesor Xesta se había significado como un excelente formador de obreros y artistas en las técnicas del dibujo. Hoy sabemos que don Luis no se limitaba al dibujo, y que sus alumnos eran capaces de realizar trabajos en varias disciplinas. La maqueta que se hizo para mostrar cuál era la idea de Antonio Palacios para la Leprosería de Toén sirvió de ejemplo. A raíz del trágico incendio regresó el problema de la ubicación del centro, y tengo que admitir que no he conseguido desenredar la trama al completo. Me consta que se buscó un local de manera urgente, pero que en poco tiempo se consideró insuficiente, trasladándose la escuela a la calle Luis Espada —hoy Alejandro Outeiriño y Cardenal Quiroga—, donde sé que estuvo a finales del 29. Al año siguiente se decidió que ocupara las instalaciones que había dejado vacantes la antigua Inclusa, en el edificio del hospital de Las Mercedes, y se le cambió el nombre: de Escuela Obrera Provincial pasó a Escuela Provincial de Artes y Oficios. De allí, salvo error, es la fotografía que os muestro, con la firma de José Pacheco.

En ella vemos que compartían aula los alumnos de dibujo artístico y lineal, en una sala muy luminosa. La sala me recuerda sospechosamente al comedor que durante un tiempo visite como alumno del Colegio Menor?????


 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Los Villares en San Fernando

    Seguramente sería mucho más fácil ubicar la fotografía si os dijera que se trata de la calle Hermanos Villar, y más fácil aún si añado que se ve un trozo del Eiró dos Cabaleiros. Sin embargo, esa instantánea se tomó precisamente para ilustrar la noticia del cambio de nombre de la calle San Fernando. El objetivo era honrar a algunos de los artífices de que Ourense fuera conocida como la Atenas de Galicia. Y es que, entre Amador y Saturnino Villar Amor, los hermanos Luis y Juan Xesta, y el fantástico plantel de profesores del instituto y otros centros —como Ferrín, Bóveda, la Rocafull, Martín Mouriño o el matrimonio formado por Hipólito Sinforiano Luengo y Teresa Roquetas al frente de su escuela laica neutral—, las familias ourensanas sabían que dejaban a sus hijos en las mejores manos. Quizás el alumno se llevaba a veces un tirón de orejas o un cachete, pero nadie lo veía como maltrato, porque no lo era. Está claro que el castigo físico hoy se descarta, pero el libertinaje actual tampoco es la solución.

    Volviendo a la imagen: el 27 de mayo de 1934 se rindió un caluroso homenaje a los hermanos Villar. La iniciativa nació de un grupo de antiguos alumnos residentes en Vigo, quienes se ofrecieron a costear la placa de la calle realizada en marmol con aplicaciones de bronce. En Ourense la acogida fue magnífica; el propio alcalde de la época, Antonio Álvarez Dopazo, había sido alumno de la academia de los Villar y guardaba un muy grato recuerdo de aquellos años. Y, como contó en el momento de descubrir la placa, recordaba perfectamente sus recreos en la plaza del Cid o del Eirociño (hoy jugar en ella es algo imposible). ¡Bueno! Al menos se pueden degustar ricas viandas...

martes, 29 de septiembre de 2026

Long Play, en el deporte y un personaje entrañable

 
1.- "Holandes".  2.- Alberto. 3.- XXX. 4.- Joaquin "Xocas". 5.- Sergio. 6.- XXX. 7.- "Tambo". 8.-  XXX. 9.- Lalo. 10.- Gori. 11.- Emilio. 12.- XXX. 13.-Raul Sas. 14.- Guinda.

En los años setenta, la juventud suplía la falta de teléfonos móviles y demás modernidades con el deporte. Incluso, como veis, las discotecas de moda colaboraban para que eso se pudiera llevar a cabo. Cierto es que, en ocasiones, esto ocurría porque los dueños eran gente joven a quienes les gustaba jugar y, así, se aseguraban de que el míster los sacara al campo... (ya sabéis que a veces se me ocurren ideas peregrinas).

En esta fotografía vemos a los clientes de Long Play, la decana de la noche ourensana, con una copa que esta vez sí se puede subir sin miedo a dañar el hígado ni nada de eso. El gran Sergio la levantaba con orgullo, ya que él era el presidente de ese grupo de amigos.

En algun caso solo sé el apodo pero  a ver si alguien me puede completar los datos....



lunes, 28 de septiembre de 2026

Cine en el principal 1927


Cuando os conté los inicios de la historia de las salas de cine ourensanas, intenté dejar claro que esos difíciles comienzos tuvieron buen fin gracias a la intervención de Rogelio Tourón. Aquí os recuerdo parte del comentario:

Touron ya era un gran empresario, cuando llegó a nuestra Auria (David Paz Novoa en su artículo "los Inicios del Cine en el Liceo", publicado en el libro de los 150 años de esta sociedad, nos habla de este personaje); Linares Rivas de La Coruña, Royalty en Vigo, Teatro Villagarcia en Arosa,… eran algunas de sus salas. (Como representante de la empresa de espectáculos Méndez Laserna tenía fácil acceso a la distribución). En Ourense tenia raíces familiares y por ello no duda en hacerse cargo en primer lugar del Principal que inaugura en enero del 26, seguidamente en marzo recupera la sala del Liceo, en el verano de ese año se hace con la gerencia del Cine España de Ribadavia, y hacia finales del verano (25 de Agosto) inaugura el Cine "Buenos Aires" (en sociedad con Modesto Madriñan; cine al aire libre situado en la Avda. del mismo nombre, desconozco donde exactamente, pero parece ser que en el entorno del que fue asilo…), los resultados debieron ser buenos y al año siguiente (1927) en junio abre en la alameda con gran éxito de público el "Salón Ideal Cinema"

Hoy, aprovechando que encontré este programa de cine, os doy otro dato. Tourón era un empresario con visión del negocio, y no dejaba de lado los temas publicitarios; sabía que la mejor forma de que no funcionara el negocio era que no se conociera. Por eso las carteleras de sus salas tenían siempre imágenes llamativas que terminaron convirtiendo en costumbre el acercarse a verlas para conocer la película que se proyectaba. Pero junto a eso, no dejaba de lado los anuncios en prensa, y comenzó a seguir la costumbre de editar programas que se regalaban por las calles.

Si os fijáis en la foto de hoy, notaréis que buscaba calidad...

viernes, 25 de septiembre de 2026

Cronica negra Ourensana. El Evaristo, una vida ....

En la imagen se le ve sereno, casi indiferente, como si aquello fuera apenas un contratiempo más en una vida acostumbrada a los tropiezos. Y al "niño" que detuvieron con el se le ve incluso sonriente, como si estuviera orgulloso de ser detenido junto a un delincuente de "nivel".

Cronica negra, El Evaristo, una vida…

         Crecer fuera del ambiente familiar es, sin duda, un hándicap para cualquier joven, y puede llevarlo a tomar decisiones erróneas, como le ocurrió al protagonista de esta historia. Aunque ya os anticipo que muchos, como él, que vivieron su infancia en el hospicio consiguieron llevar después una vida plenamente normal.

Evaristo Iglesias, nada más nacer, fue entregado en el hospicio ourensano. Hoy posiblemente se investigaría para conocer su origen, pero en los años treinta era perfectamente legal entregar a un niño; lo ilegal era abortar. El hospicio era un mundo aparte, un espacio donde la infancia transcurría entre muros grises, rutinas estrictas y la ausencia de ese calor que solo una familia puede dar. Los niños aprendían a valerse por sí mismos desde muy pequeños, porque nadie lo haría por ellos. Durante sus primeros seis o siete años recibían educación y alimentación promovidas por obras de caridad y ayudas públicas, aunque las condiciones no eran precisamente las mejores.

Al cumplir los siete años se les empezaba a buscar un medio de vida. La mayoría entraban como aprendices en algún taller, aunque también existía la opción de hacerse "mozo de cuerda": esperar en la estación, en el entorno de los hoteles o en algún comercio a que alguien necesitara ayuda para transportar equipajes o mercancías. Esa fue la salida elegida para Evaristo. 

No era un trabajo fácil, pero para un rapaz fuerte como Evaristo se pensaba que sería la mejor opción. Durante aproximadamente un año se dedicó a ello, aunque no tardó en darse cuenta de que el esfuerzo era mucho y el beneficio más bien escaso, así que comenzó a explorar otras alternativas bastante más lucrativas, aunque también mucho más peligrosas.

Algunos mozos, con algo más de suerte o quizás con mejor carácter, conseguían trabajo estable en algún negocio y lograban llevar una vida más ordenada. Evaristo, sin embargo, no fue uno de ellos.

El robo de gallinas en el populoso barrio del Puente Mayor fue una de esas nuevas actividades. No puedo confirmar cuánto tiempo se dedicó a semejante "oficio", pero sí sabemos que en 1931, cuando cumplió diecisiete años, fue detenido como cabecilla de una pequeña cuadrilla de rateros, tras una noche en la que habían robado más de once gallinas. Ese fue el comienzo de una vida que no podría tener buen final. Tras su detención, le fue retirado el permiso necesario para ejercer como mozo de cuerda y tuvo que buscarse la vida de otro modo. En la ciudad ya era conocido y decidió cambiar de aires.

Los buscó en la zona de Manzaneda, Trives y alrededores. Allí subió el nivel: no dudaba en entrar en viviendas o negocios para despojarlos de cuanto había dentro, incluso con los propietarios presentes, a quienes amedrentaba y golpeaba si lo consideraba necesario. Ese mismo año ingresaba por segunda vez en prisión, en este caso en la de Trives, por un robo cometido en A Teixeira. Fue escalando así la pendiente de la delincuencia. Ya no tenía inconveniente en robar incluso en dependencias municipales: el juzgado de Montederramo fue el escogido para llevarse una máquina de escribir, dinero en efectivo y una escopeta. Ahora ya estaba armado.

El siguiente paso fue unirse a un grupo de vagos y maleantes asentados en el entorno de Maceda. Durante un tiempo sembraron el terror en los caminos que circundaban la villa. Las gentes de aquellos pueblos aprendieron a cerrar bien las puertas al anochecer y a desconfiar de los desconocidos que se acercaban pidiendo cobijo o trabajo. El nombre de Evaristo comenzaba a circular de boca en boca, siempre asociado al miedo. No se podía presagiar un final feliz, y poco después llegó el momento más grave de su biografía.

Ya se había hecho con una pistola y, de hecho, la policía que le seguía la pista lo consideraba un "pistolero" al más puro estilo de un gánster americano. Se encontraba en Silleda cuando escuchó una conversación que le hizo ver una buena oportunidad: un empresario con su chófer se dirigía hacia Ourense por negocios. Evaristo dedujo rápidamente que llevaría dinero encima y buscó la manera de conseguir que lo llevaran hasta O Carballiño, que era una de las paradas previstas por el empresario. Durante el viaje fue ganándose la confianza de su víctima y, con la excusa de venderle patata a buen precio, logró que se desviara hacia Listanco, donde lo mató, le robó más de novecientas pesetas y huyó con el automóvil. Al menos no acabó con la vida del chófer.

Aquel crimen marcó un punto de no retorno. Ya no era un ladrón de poca monta ni un delincuente de caminos: era un asesino. Y, sin embargo, Evaristo no pareció inmutarse demasiado. Quizás llevaba demasiados años endureciéndose, demasiados años sobreviviendo en un mundo que nunca le había dado nada.

Ese fue el más grave de sus crímenes, aunque ya había herido gravemente a otra víctima con anterioridad. Conviene recordar que, antes de estos últimos delitos, cumplía condena de seis años por un delito cometido en Trives. Consiguió escapar, y fue entonces cuando se desencadenó toda esta barbarie.

Con el botín del asesinato buscó refugio en Vigo, pero en lugar de intentar pasar desapercibido comenzó a organizar un grupo de criminales con los que tenía intención de atracar un banco y una de las joyerías más prestigiosas de la ciudad. Vigo era entonces una ciudad en plena efervescencia, portuaria y comercial, con suficiente movimiento de dinero como para tentar a cualquiera. Evaristo creyó que allí podría desaparecer entre la multitud y, al mismo tiempo, dar el golpe definitivo que lo pusiera a salvo para siempre.

José Peréz Ávila en los 90..
Por fortuna, el agente de policía encargado de seguir sus pasos, Sr. Carril, empezó a obtener resultados. Detuvo a dos de los integrantes de la banda y, con la información obtenida, logró finalmente la detención de Evaristo en la calle de la Herrería de Vigo. De ese momento es la primera fotografía que os muestro, en la que posa junto a otro delincuente también ourensano. La labor de este policía es digna de encomio, ya que después de ese éxito no cejo en su objetivo y días después conseguía la detención del resto de la banda. 

La pena solicitada para Evaristo era la capital, la pena de muerte. Sin embargo, el saber hacer de uno de los mejores abogados que ha tenido Ourense, José Pérez Ávila, consiguió que la condena quedara en treinta y siete años de prisión. Una pena que, doy por hecho, cumplió en la cárcel ourensana, a la que habría que sumar el resto de condenas pendientes.

Toda una vida, perdida entre rejas. La historia de Evaristo no es la de un villano de novela, sino la de un hombre al que nadie enseñó a elegir bien, y que tampoco supo encontrar solo el camino correcto. Una historia triste, como tantas otras que se escribieron en aquellos años duros, y que conviene no olvidar.

jueves, 24 de septiembre de 2026

1934 accidente en Ribadavia


 Los sistemas de seguridad no eran, ni de lejos, los actuales y, sin duda, las velocidades eran de "cámara lenta"; pero los trenes en los años treinta eran, posiblemente, la mejor opción para los desplazamientos de larga distancia.

Aunque claro, también existían riesgos. A pesar de que el periódico, como veis, manifestaba que ambos trenes iban a gran velocidad, el resultado fue de tan solo cinco heridos leves. Tal vez el hecho de que los trenes tuvieran unas estructuras tan robustas —casi pétreas— colaboró a que no fuera una tragedia. Fue en Ribadavia, en el año 1934... ¡Ya llovió!

miércoles, 23 de septiembre de 2026

La partida....

 


 No recuerdo el tiempo que hace que no juego una partida. No es que fuera yo un forofo del tema, pero sí que hubo dos épocas en las que pasaba el rato con el naipe.

La primera me pilló muy joven, no tendría más de 14 o 15 años, en el Fornos de la calle Doctor Marañón (donde hoy hay un restaurante chino). Allí descansábamos de los interminables partidos de fútbol que jugábamos, a veces, en medio de la calle; y, para no estar ociosos, echábamos una partida mientras bebíamos una gaseosa. Eran lujos de otro tiempo. En más de una ocasión he pensado en escribir sobre doña Carmen, la dueña, y Manolo, el encargado, pero no tengo ninguna fotografía ni de ellos ni del local.

La otra etapa ya fue con 19 o 20 años (y alguno más). En esa ocasión, la parte de arriba del Alaska, en el Parque, se convirtió en nuestro lugar de ocio de primera hora de la tarde y de la primera copa de la noche. No es que fueran partidas de aquellas que llamaban "los prohibidos"; en nuestro caso, era más que nada pasar el rato y ganarle el café o la copa al incauto que se atrevía a sentarse delante del "tahúr" de Martín. Yo, la verdad, era más un apoyo que un puntal.

Pero no es de mí de quien quiero hablar, sino de estos señores que veis en la fotografía que me presta Moncho da Barra. Se tomó a mediados de los años sesenta en El Coralín, el mítico bar-restaurante que frecuentaba la alta sociedad ourensana. Como veis, no se escondían, o sea que hacían lo mismo que yo: jugarse unos cafés y poco más. El caso es que asegura Moncho que en la mesa estaban algunos de los más conocidos comerciantes del centro de Ourense. Estos son los datos con los que cree documentar la fotografía, pero la memoria, según dice, le juega malas pasadas... ¡Qué me va a decir a mí!

En la foto está Aurelio Domínguez, el primer taxista que hubo en la parada del Parque (abuelo de Moncho), y con él jugaban el dueño de El Faro (padre de Adolfo Domínguez), el dueño de la Perfumería Carita, ¿Novedades Carlos?, la panadería ¿El Cartao?, El Bodegón y, me dice también, un negocio que no consigo situar en Ourense: Muebles Finisterre. ¿No sería, tal vez, El Palacio del Mueble?

A ver si me echáis una mano y me decís quién es cada uno, que sé que alguno de vosotros seguro que los conoce. ¿Verdad, Amador?

martes, 22 de septiembre de 2026

Barreiros, el concesionario del Paseo

 

No sé exactamente de qué año es la foto, pero me atrevería a situarla a finales de los cincuenta o comienzos de los sesenta.

 Creo recordar ese negocio en la esquina que hoy ocupa Cortefiel, aunque tengo dudas de si en mi infancia la marca que se vendía allí era ya Chrysler o Talbot. Hoy en día, ninguna marca de coches se plantearía abrir en un local tan céntrico, pero don Eduardo era un innovador y lo hizo. Después, que yo recuerde, también la Renault de Argones abrió en Juan XXIII (no hace demasiados años que cerró), e incluso recuerdo una marca de tractores en otro local de la calle del Paseo (hablo de memoria, pero creo que era Marcial Vázquez Crespo...).

De Eduardo Barreiros no voy a contaros nada nuevo; ya sabemos que fue uno de los ourensanos que puso nuestra ciudad en el mapa y que, si hubiera tenido más apoyos estatales, ¿quién sabe qué habría logrado? No me atrevo a vaticinar hasta dónde habría llegado, pero lo cierto es que, con sus propios medios y conocimientos, construyó la mayor fábrica de automoción del país.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Nacia un barrio. Covadonga

 

En los años sesenta el gobierno inició un plan de vivienda que buscaba solucionar uno de los principales problemas de los españoles. En Ourense ciudad se solapó con el plan de la Caja de Ahorros de construir viviendas de precios ajustados, y surgieron urbanizaciones por todos los barrios. Hoy os muestro los comienzos de Covadonga.

El emplazamiento seleccionado era un lugar vistoso, con la entidad y el entorno idóneos para albergar un pazo señorial —el cual ya existía y se conserva en la actualidad—. Aunque inicialmente no se encontraba en el centro neurálgico de la ciudad, un factor de aislamiento que, con la planificación adecuada y voluntad política, tenía solución (que buena falta hacía).

Las imágenes de la época inmortalizaron el inicio de las obras de edificación de estos primeros bloques. Este proyecto técnico daría origen a una trama urbana con una sugerente identidad, bautizando sus primeras vías con los nombres de Saturno, Mercurio, Urano, Júpiter, Cibeles y Juno. Nunca entenderé por qué, pudiendo honrar a tantos ciudadanos o lugares autóctonos, se buscan este tipo de opciones para nuestras calles... La mitología está muy bien, y de hecho se ha utilizado para nombrar algo tan universal como el sistema planetario, pero para una calle, algo más próximo sería lo ideal, ¡digo yo! Que uno sale de casa a comprar el pan y parece que va camino del espacio.

 


viernes, 18 de septiembre de 2026

Que hubiera pasado

En 1895 se había eliminado el viejo Ponte Pedriña y, después de un tiempo con uno provisional de madera, se levantó este Muro puente (Foto 1957 Miguel Angel Villar recuperada con I.A.). si os fijais vereis que faltaba una calle al completo...

Hubiera cambiado la ciudad.

Ya me anticipo a las muchas opiniones que no coincidirán con la mía, y admito que quizá quienes las sostienen tengan razón y sea yo quien esté equivocado. Pero la realidad es que, como nunca se llevó a cabo, jamás sabremos qué habría sucedido.

Intentad imaginar por un momento que se hubiera decidido cubrir el cauce del Barbaña entre el puente de Marcelo Macías y el puente Lebrón. En mi opinión, habría sido una idea magnífica… aunque solo comparable con otra posibilidad que todavía hoy me parece más atractiva: haber transformado ese recorrido en una gran zona de recreo y disfrute, aprovechando todas las posibilidades que ofrece tener un río encauzado atravesando la ciudad.

Por desgracia, ninguna de las dos opciones llegó a desarrollarse plenamente. Es cierto que la desembocadura fue cubierta y hoy ese espacio lo ocupa la calle Pardo de Cela, cuyo principal objetivo es aliviar el tráfico del centro; aunque, para ser justos, con un resultado que probablemente los peatones valoran con bastante menos entusiasmo.

También existe un paseo que continúa mejorándose poco a poco y que invita a pensar que quizá algún día la segunda opción termine por convertirse en realidad. De momento ya contamos con varias zonas ajardinadas. Confiemos en que se siga avanzando en esa dirección.

Pero vayamos al comienzo de esta historia.

En la vieja Auria, tener este río vertebrando la ciudad era, en principio, una auténtica comodidad: permitía dar salida con facilidad a las alcantarillas. Una solución práctica… o al menos eso parecía mientras la ciudad mantenía unas dimensiones razonables. Como suele ocurrir con ciertas ideas que parecen brillantes mientras el problema cabe en una libreta, a medida que Ourense fue creciendo aquello que había nacido como una ventaja empezó a convertirse, a pasos agigantados, en un serio problema de salud pública.

Postal EJP Paris Irun 1914. Vista del Barbaña desde el Polvorin???

No me consta desde cuándo comenzó en la ciudad la reivindicación del encauzamiento del Barbaña, pero sí sabemos que ya desde el siglo XIX la limpieza de sus aguas era un clamor popular. Entre actuaciones puntuales y remiendos municipales, el problema seguía ahí, esperando a que alguien decidiera afrontarlo de verdad.

Fue finalmente en 1915 cuando se recibió del Ministerio de Fomento la cantidad de 31.444 pesetas (aunque lo parezca. aquello no era escaso). Según los cálculos de la época, equivalía aproximadamente al pago de unas 12.000 horas de trabajo de un peón o, dicho de otro modo, permitía contratar a unos 40 obreros durante un año entero. Aun así, la magnitud del problema era tal que aquella inversión apenas alcanzaba para sanear el río. Porque llegado cierto punto ya no se trataba de limpiar el Barbaña: se trataba de intentar convencer a un río de que dejara de comportarse como la alcantarilla que durante décadas le habíamos pedido que fuese.

Se reintentó en 1932, pero en esta ocasión las arcas municipales no pudieron hacer frente a la parte que le correspondía y de nuevo quedó el tema pendiente.

Fue por fin en los años 50 cuando cogió de nuevo impulso dar solución al problema. Entre mis lecturas apareció un plan de esa década que proponía una solución integral a los males del Barbaña: desagües descontrolados, limpieza del cauce y eliminación de los puentes más débiles. Sobre la mesa estaba la opción de crear un nuevo vial cubriendo el cauce, algo que habría cambiado significativamente el tráfico de la ciudad. Sin embargo, aunque se comenzaron los trabajos, el elevado coste de las losas de hormigón que debían taparlo hizo que esa idea se desvaneciera.

A principios del siglo XX esta poldra no tenía nombre y hoy, aunque se ha convertido en un puente, sigue sin tenerlo; es el de la plaza de abastos... se le llamó un tiempo "puente pequeño", pero…

La realidad es que las obras de aquellos años cincuenta consiguieron evitar que las crecidas del Barbaña ocasionaran grandes problemas y se soterraron los primeros colectores de aguas residuales. Sin embargo, quedó pendiente la remodelación profunda del antiguo Ponte Pedriña. Este paso se había reconvertido provisionalmente en el "Muro puente" que veis en la fotografía de 1957, un punto negro que en su día solo disponía de un único ojo, interrumpiendo el paso por los márgenes. Hubo que esperar hasta la década de los 90 para que se acometieran las obras definitivas de apertura de la base y ampliación de la superficie, dando lugar al actual Puente de Ervedelo con sus dos carriles de circulación y amplias aceras.

Haciendo memoria, no hace mucho que algunos vecinos de O Couto me comentaban cómo recordaban que, durante esa última gran reforma, tenían que cruzar el río por una estructura de madera provisional que, según me decían, era un poco “precaria”...

A día de hoy, y desde 1996, la idea de cubrir el río ha quedado descartada por completo. Se han eliminado los vertidos directos totalmente y se ha iniciado la construcción del paseo fluvial y las zonas ajardinadas que algún día valoraremos como una de las mejores zonas de la ciudad. Hoy, en mi modesta opinión, le falta uso… y vosotros, ¿creéis que le falta vida al paseo actual o que realmente se debería haber cubierto en los cincuenta?

Foto original del diario Pueblo Gallego



jueves, 17 de septiembre de 2026

La historia del banco de La Coruña en Auria

     Tengo unos buenos amigos que fueron empleados de esta histórica entidad bancaria y ellos fueron quienes me contaron cómo eran, antiguamente, los tratos con la clientela; con sus luces y sus sombras. Hay algo esencial que no ha cambiado por más que haya pasado el tiempo: para el banco, "tanto tienes, tanto vales". Pero no voy a entrar en esos temas, sino en otros detalles que me transmitían.

Como sabemos, los ordenadores son algo muy reciente. La banca de antes no tenía más remedio que realizar a mano todos los apuntes contables; un proceso que ralentizaba enormemente el trabajo pero que, sin duda, tenía su encanto. A cambio, cada sucursal necesitaba un número considerable de empleados. Y por qué no decirlo: en aquella época, ser empleado de banca aportaba un gran prestigio social, por no hablar ya de ser director o interventor. Hoy en día, el reconocimiento y el sueldo se han equiparado al de la mayoría de los profesionales; no es que no se les tenga consideración, pero no se puede comparar con lo que me cuentan de aquellos tiempos.

El caso es que mis amigos me han facilitado un folleto que se editó para clausurar la historia de la entidad en Ourense. En él sale esta fotografía de la oficina del Paseo. No sé si, solo por la imagen, ya sabéis dónde estaba ubicada???. Si os fijáis a la derecha, se puede ver el inicio de las escaleras de Paz Novoa.

        Fue el viernes 1 de junio de 1928 cuando se celebró su inauguración. Su primer director fue don Ricardo Castro Herrero, quien estuvo al frente hasta 1931. Después le sucedió Joaquín Rodríguez, hasta 1948; seguido de Florencio Domínguez Caamaño, hasta marzo de 1964; y, finalmente, Enrique Grandal Diana. Este último fue quien vivió el periodo de fusión con el Banco de Bilbao y el traslado a la nueva oficina del Paseo, esquina con Concordia, en el solar que había ocupado la Chevrolet. Grandal Diana fue director desde 1970 —año en que se fusionaron ambas entidades— hasta su prejubilación en 1984.

El Banco de La Coruña llegó a tener hasta siete sucursales en nuestra provincia. Las primeras fueron las de Ourense, Verín, A Rúa y Ribadavia. En 1933 cerró la oficina del Ribeiro y no hubo más movimientos hasta que se abrió la oficina de Canedo en 1955, la de Cualedro en 1966 y, finalmente, Celanova y Ribadavia, que reabrió en 1969 para ver si esta vez lograba consolidarse. Sin embargo, como os he dicho, en 1970 el Banco de La Coruña se fusionó con el de Bilbao, por lo cual... eso ya es otra historia.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Las inundaciones de Xinzo


Ya os he hablado en varias ocasiones de las inundaciones que sufrió la Limia en 1966. Incluso os conté cómo Pastor Fábrega y un amigo, que habían ido a pescar con su barca, terminaron colaborando en el rescate de numerosos vecinos.

Hace poco encontré una fotografía en la prensa de la época que refleja con total claridad la magnitud del desastre. Contemplar barcas navegando por las calles puede parecer una imagen curiosa hoy en día, pero para los afectados fue una experiencia aterradora: plantas bajas anegadas, corrales inservibles y sótanos completamente destrozados.

Por fortuna, la villa supo reponerse...

martes, 15 de septiembre de 2026

Irreconocible

No hace muchos días os mostraba otra fotografía similar a esta. El motivo de que los ourensanos quisieran guardar esta imagen de recuerdo, precisamente por lo que "NO" veis en ella, está claro. Y es que la zona iba a sufrir un cambio radical: el Camiño do Vao y todo su entorno se convertirían en el primer centro comercial de la ciudad.

Hoy, tras más de 25 años en funcionamiento, tal vez se podría hacer un estudio para conocer su influencia en el comercio local. Aunque, viendo los derroteros que está tomando el comercio tradicional frente a la competencia digital, casi mejor no meterse en ese jardín... los expertos sabrán.

lunes, 14 de septiembre de 2026

El San Lazaro en el parque.

        Algún día, los entendidos posiblemente hagan un estudio de todos los traslados de edificios, fuentes, estatuas y demás elementos urbanos que se han movido en esta ciudad.

No he conseguido justificar ninguno de ellos; si acaso, el traslado del puente de Pelamios para evitar su pérdida, aunque viendo cuál parece ser su final, tampoco se justifica mucho. Habrá quien diga que la iglesia de los Franciscanos mejoró enormemente con el traslado y, sí, en su ubicación en el parque es mucho más visible que en su emplazamiento original, pero seguramente los vecinos de la zona alta de la ciudad echan en falta, en más de una ocasión, tener servicios religiosos cerca.

Hoy, con la ayuda de la IA, he mejorado esta fotografía que nos permite ver otra de las capillas que se desplazaron. En este caso, debemos estar contentos, porque la operación de traslado no fue precisamente un ejemplo de eficacia y sentido común: aunque se desmontó con rapidez y se suponía que se iba a erigir de nuevo en Peliquín, alguien se olvidó de dotar la operación de presupuesto. Todas las piedras desmontadas estuvieron abandonadas durante muchos años, lo que llevó a la desaparición de un buen número de piezas que los vecinos utilizaron para cierres y hornos. Al final se recuperó y hoy se puede disfrutar de ella en todo su esplendor en ese barrio ourensano que, en mi opinión, tiene un gran encanto; es de las zonas en las que aún se respira "vecindad".



 

viernes, 11 de septiembre de 2026

Minuteros y Leyquistas historia de la fotografía

  


Oficios del pasado

Fotógrafos de cajón “Minuteros” y “leiquistas”

Hoy en día, con el móvil siempre en el bolsillo y la cámara a un toque de distancia, es fácil olvidar lo que significó en su momento capturar una imagen. Hacer una fotografía era, no hace tanto, un acontecimiento.

La historia de la fotografía arranca con máquinas complejas y costosas que ponían este arte fuera del alcance de la mayoría. Las primeras fotografías eran retratos de estudio, encargados por familias adineradas que podían permitirse semejante lujo. El proceso era lento, caro y técnicamente exigente: requería equipos voluminosos, tiempos de exposición prolongados y conocimientos que estaban al alcance de muy pocos. Aquello era, en suma, un privilegio de pocos.

Fue a comienzos del siglo XX cuando una nueva figura empezó a democratizar el oficio: los fotógrafos "minuteros", conocidos entonces como fotógrafos "de cajón". El nombre lo decía todo: trabajaban con un cajón en el que manipulaban negativos y líquidos químicos, protegiendo el proceso de la luz. Era un sistema ingenioso que permitía revelar la fotografía en el acto, ante los ojos del cliente, sin necesidad de un laboratorio fijo. La clave del negocio estaba en conseguir el mejor objetivo posible, ya que, que se sepa, no existieron fabricantes de este tipo de máquinas como tales, sino únicamente de las ópticas que las equipaban.

Ourense, como no podía ser de otra manera, tuvo los suyos. Aunque las referencias documentales son escasas —eran en su mayoría trabajadores ambulantes que no dejaban demasiado rastro en los archivos—, la ciudad contaba con su presencia habitual. La fotografía de cabecera que acompaña este artículo resulta elocuente: en la plaza Mayor convivían dos fotógrafos en perfecta armonía, integrados en el bullicio cotidiano junto a los puestos del mercado que aún se instalaban allí, frente al ir y venir de la Casa do Concello. Eran un negocio más entre los demás, tan natural como el puesto del verdulero o el del afilador. Los días de fiesta, su lugar preferido era la Alameda, donde se apostaban en puntos estratégicos a la espera de clientes.

Con el tiempo, algunos de aquellos ambulantes echaron raíces. Apellidos como Mazaira o Sanjurjo levantaron sus laboratorios en las barracas de la Alameda y dieron el salto a un trabajo más elaborado: ya no bastaba con un retrato sencillo. Pusieron de moda los paños de fondo —unos serios, otros desenfadados, otros de corte romántico—, y completaron la oferta con atrezo: el caballito de madera, la gorra de marinero, el traje de torero... Pequeños detalles que convertían un retrato en una pequeña puesta en escena. En muchos álbumes familiares ourensanos se conservan auténticas joyas de este estilo, imágenes que hoy nos hablan de una época con una elocuencia que ningún texto podría igualar.

Un momento decisivo para la profesión llegó en la década de los cuarenta, cuando la implantación generalizada del documento nacional de identidad impuso la fotografía de carnet para todos los españoles. La demanda se disparó y el número de fotógrafos creció de forma exponencial. Muchos pudieron rentabilizar el negocio lo suficiente como para establecerse en locales fijos más cómodos. En paralelo, el Ayuntamiento de Ourense decidió que las barracas de la Alameda no ofrecían la imagen adecuada para la ciudad y ordenó su retirada. Aun así, profesionales como Manuela Saburido, esposa de Mazaira, siguieron trabajando al aire libre durante algún tiempo, con una clientela fiel que la buscaba a ella expresamente. Llegó incluso a desplazarse periódicamente a villas de los alrededores, donde ya la esperaban quienes querían retratarse.

Podría pensarse que, en este nuevo escenario, los fotógrafos habrían abandonado la calle para recluirse definitivamente en sus estudios. Pero la realidad, como casi siempre, desmiente lo previsible.

Al margen de los minuteros "de cajón", que por una combinación de tradición y vocación siguieron presentes durante años en ferias y romerías, tampoco era raro verlos los fines de semana en los parques de la ciudad: O Posío, San Lázaro, la Alameda... La segunda fotografía que acompaña este artículo es un buen testimonio de ello: si os fijáis en la esquina de entrada al parque, veréis una cámara de minutero y al fotógrafo sentado tranquilamente en el banco de piedra, esperando. Era otra época; la capilla de San Lázaro reinaba todavía en el parque sin la presencia de la escultura de Asorey, que aún tardaría en llegar. Una imagen dentro de la imagen, como tantas veces ocurre con las fotografías antiguas.

Y entonces comenzó a aparecer, en calles y lugares de afluencia de público, una nueva variedad de fotógrafo callejero: los "leiquistas". El nombre, poco agraciado, venía de la marca que más apreciaban por la calidad de sus imágenes y la comodidad de uso. La Leica, con su formato compacto y su óptica excepcional, había revolucionado la fotografía de reportaje en toda Europa, y sus virtudes no tardaron en seducir también a quienes hacían de la calle su estudio. Aunque cualquier cámara de 35 mm servía para el oficio —no todo el mundo podía permitirse una Leica de verdad—, el apodo quedó para todos ellos.


Este capítulo merece un apartado propio, y en él cabe destacar que no fueron solo hombres quienes protagonizaron esta historia. Ya en la etapa anterior encontramos figuras femeninas fundamentales: Manuela Saburido, como hemos visto, fue una de las profesionales más reconocidas de su tiempo. En los primeros estudios fijos de la ciudad también hubo presencia femenina, como Manuela Sanjurjo o Mari Arredondo. Y entre los leiquistas, Cheluca Covelo siguió esa estela con mérito propio. Pero hay una deuda pendiente que conviene señalar: muchas otras mujeres sostuvieron estos negocios desde la oscuridad del laboratorio, revelando negativos, copiando fotografías, tirando del negocio en silencio. Su contribución fue imprescindible, aunque la historia raramente les haya dado el lugar que merecían.

Quedan pues pendientes otros dos artículos: el de las mujeres en la fotografía ourensana y el de los leiquistas, que sin duda darán para mucho. Os adelanto algunos nombres por si queréis ir haciendo memoria: Rizo, Cudeiro, Fernández, Leandro, Ricardo, Conde, Cardoso... Una lista que es, en sí misma, un pequeño homenaje a quienes hicieron de las calles de Ourense su estudio y de sus vecinos, su mejor materia prima. Pero esa es otra historia, y merece contarse con el espacio que le corresponde.

jueves, 10 de septiembre de 2026

El centro urbano años 30. I.A.


 Pocas fotografías son capaces de mostrar con tanta claridad la importancia de una zona de la ciudad. La imponente presencia del Gran Hotel Roma y los autocares de viajeros ya indicaban que este lugar funcionaba, en aquellos tiempos, como una improvisada estación de autobuses. En ese espacio convivían el «bus-taxi» que el propio hotel ofrecía a sus huéspedes con el pequeño autobus que hacía las veces de urbano; junto a ellos, aguardaban también el coche de Verín, el de O Carballiño...

Si nos fijamos bien, también podemos ver la administración de lotería que, hábilmente, se colocó entre la peluquería del Roma y la entrada principal. ¿Quién se iba a resistir a llevarse la suerte de viaje?

La escena se completa con otros detalles interesantes: la presencia de la central telefónica, los carros de tracción animal y, cómo no, el paisano que transita con su bicicleta en medio de la calle del Progreso. Sin duda, eran los primeros destellos de los tiempos modernos...

miércoles, 9 de septiembre de 2026

La inteligencia artificial tiene su utilidad.

Estuve este verano investigando sobre la novedosa y "preocupante" inteligencia artificial; y, viendo lo que es capaz de hacer, mantengo mi opinión: es imprescindible una regulación con penas muy duras para el mal uso. Pero, al mismo tiempo, me rindo ante sus habilidades.

Ya antes del verano os mostré cosas que se podían hacer, como dar vida a fotografías o recuperar imágenes que el paso del tiempo había deteriorado con rayas, manchas, etc. O lo que más me está ayudando en www.ourensenotempo.com: recuperar fotografías publicadas en prensa antigua que prácticamente no tenían valor ninguno porque solamente se veían manchas.

Sin entrar en discusión con quienes dicen rechazar el uso de esta nueva tecnología (aunque tengo sospechas de que la usan a diario en estos y otros formatos, ya que la IA lo mismo te hace una receta de cocina que te redacta un artículo de prensa...), en mis blogs la usaré siempre que lo considere necesario; principalmente, como os digo, para recuperar imágenes que de otra manera se perderían.

Hoy os presento una vista original de la Avda. de Francia. HOY ¡Aquí tenéis la calle Ervedelo en los años 60!

martes, 8 de septiembre de 2026

El trafico del puente de hierro

 Los puentes son el verdadero esqueleto de Ourense. Desde el veterano Puente Mayor hasta la pasarela más vanguardista, cada uno nació para dar respuesta a una necesidad vital de nuestra gente.

Esta fotografía, tomada exactamente en 1953, capta un instante de ese pulso diario. Si la miramos con ojos de hoy, que solo veamos tres carros y una bicicleta transitando nos puede parecer poca cosa. Pero hay que hacer el esfuerzo de viajar con la mente a aquellos años: para la época, eso era un movimiento constante, el ritmo real de la vida de entonces.

El plano tiene, además, el valor de los momentos históricos de transición. Se capturó desde el tramo de cemento del nuevo Viaducto que ya estaba concluido ese año, mientras la estructura central todavía peleaba por terminarse (un retraso que pospondría la inauguración oficial unos años más). Aun estando a medio hacer, asomarse desde allí ya permitía vislumbrar una revolución inminente para el comercio y la sociedad ourensana. Esa mole de piedra y hormigón iba a ser el equivalente al AVE de nuestros días: el hachazo definitivo a las distancias que nos separaban del centro de la Península y el motor que aceleró nuestro futuro.

lunes, 7 de septiembre de 2026

La Virgen de los Remedios y sus "madamitas"

 Por fortuna, aún conservamos la tradición de la quema de madamitas, aunque hoy en día la relacionamos únicamente con la festividad de San Lázaro. Sin embargo, existen pruebas de que era una práctica extendida a más de una fiesta popular de los ourensanos; y aquí tenemos la constatación de que la romería de los Remedios también contaba con ese "espectáculo".

Durante muchos años fueron los Méndez, familia propietaria por derecho de la ermita, quienes se encargaban de organizar la fiesta y los actos litúrgicos en estrecha colaboración con el Obispado. Eran tiempos en los que el 9 de septiembre no era un día festivo oficial, pero se estilaba otra fórmula: el medio festivo. Era algo similar a un sábado actual; por la mañana la actividad laboral era normal y por la tarde (aunque los que podían ya lo hacían a media mañana), los ourensanos se encaminaban hacia la ermita para honrar a la Virgen y festejar. No he conseguido averiguar con certeza si los colegios daban el día entero libre, pero me da la sensación de que sí...

A juzgar por las madamitas ya preparadas, la fotografía fue tomada sin duda el día grande de la novena, pero debió de ser por la mañana, pues aún faltaba por llegar el grueso de los romeros. Aun así, ya se aprecian puestos montados para la venta de las típicas medallas y escapularios, e incluso se llega a ver una ruleta de barquillos. La fiesta estaba a punto de comenzar.

Y un último detalle: la fotografía conserva una anotación por detrás que reza "año 1949", así que ya contamos con otro dato contrastado para nuestro archivo.

viernes, 4 de septiembre de 2026

La entrada al Paraiso

  


La entrada al Paraíso.

O historia de una escalera

Una de las últimas veces que pude hablar con la entrañable Olga Gallego fue en un acto celebrado en el paraninfo del instituto Otero Pedrayo en 2010. Fueron apenas 5 minutos, pero con esa gran mujer eso podía ser un "mundo": los datos que manejaba en aquella cabeza eran envidiables. No me molesta confesar que para mí fue un orgullo que Olga se dirigiera a mí. Con su hermana Pilar, e incluso con su hermano Luis, tenía bastante confianza, pero con Olga siempre me sentía cortado. El caso es que fue ella la que se dirigió a mí para comentar una fotografía que en aquellos días había publicado en www.ourensenotempo.com, esta que aquí os muestro:


Como veis, es la balconada del "Patím Vello", para que nos entendamos, la que da a Juan de Austria. La imagen muestra varios detalles significativos. El más obvio, el de las cintas pegadas a los cristales, colocadas para evitar que la rotura de cristales por la previsible caída de bombas hiciera más daño del necesario (con eso podemos situar la fotografía en el entorno de la guerra civil, 1936-…). Pero lo que más llama la atención no es eso, ni siquiera que al fondo se adivine la fachada de la iglesia de los Jesuitas, "Santa Eufemia". Lo inesperado es ese edificio que precisamente la oculta. Mis lectores ya saben que fue uno de los que cayeron para ampliar esta plaza, algo que se hizo eliminando al menos cuatro edificios.

El caso es que ella me dio de inmediato datos que a mí me había costado varias semanas de búsqueda obtener. Os recuerdo que a Vázquez Gulías se le encomendó, a finales del siglo XIX, reformar esta calle buscando su ampliación, e hicieron falta casi 40 años para verlo hecho realidad.

Con este preámbulo, llega el motivo de este artículo: Olga, supongo que para animarme a seguir con mi afición por la historia de Ourense, me dio un dato que yo, y creo que la gran mayoría de vosotros, desconocíamos: aunque no se diseñó con esa intención, hubo un tiempo en que la entrada del pórtico del Paraíso era accesible desde el exterior.

Todos sabemos que, hasta hace bien pocos años, el acceso frontal a nuestro templo era imposible, ya que esa entrada se había dejado como una balconada por encima de la calle de las Tiendas. El desnivel complicaba dar otra solución, ante la falta de espacio con las edificaciones que, al parecer, existían allí desde un principio. No lo puedo asegurar, pero es muy probable que la mayoría de esas viviendas pertenecieran a gente del clero, como parece atestiguar el nombre de la calle paralela: Arcedianos, también llamada de la Gloria… Y ya sabemos aquello de "¡con el clero hemos topado!". ¿Quién se atrevía a tirarles sus viviendas?

En los años 80 del siglo XX se daba fin a un proyecto que el arquitecto Pons Sorolla había diseñado para abrir la plaza de San Martiño: se construyó la escalinata actual, aunque el planteamiento de la solución venía ya perfilado desde años antes. No era el primer intento: ya en 1927 el arquitecto Antonio Palacios había propuesto otro plan aún más ambicioso, encargado por el obispo Cerviño. En su versión más audaz, aquel proyecto llegaba a plantear la construcción de una gran plaza porticada de 24 por 50 metros cerrada frente a la catedral por un gran arco, y para conseguir el espacio necesario habría que expropiar y derribar cuatro edificios de la calle de las Tiendas, nueve de la calle de Arcedianos y otros dos de la calle Lamas Carvajal, el Liceo estaría frente por frente con la catedral. Ambos proyectos se basaban en las escaleras para realizar el acceso.

Sin embargo, lo que Olga me apuntaba, es que en otros tiempos, los desechos de la propia obra, junto con otros provenientes de la construcción de edificios cercanos, fueron amontonándose en ese desnivel, y que terminó generándose un terraplén que con más ganas que medios se podía utilizar como acceso.


Hoy, gracias a la inteligencia artificial, puedo mostraros aproximadamente cómo pudo haber sido esa entrada. Que, por otra parte, tampoco era tan necesaria como pudiera parecer, y si no estoy equivocado, en el proyecto original nunca se había planteado que se accediera por esa entrada al templo. La existencia de los bajos comerciales que aun hoy existen y los que se aprecia fácilmente que se han cerrado vendrían a confirmar que no hubo intención de construir esa escalinata.

Recuerdo un artículo del profesor Eguileta, en el que nos comentaba precisamente que estudiosos del tema no veían con buenos ojos la apertura de esas terrazas que tenía nuestra catedral, aun a pesar de que con ello se daba más visibilidad a la fachada principal del templo. El profesor Pita Andrade reivindicaba, de hecho, su conservación para poder recordar que esa misma estructura la tenía la fachada de la catedral de Santiago. Y es que, en efecto, la fachada occidental de Ourense, al igual que la del Obradoiro en Santiago de Compostela, no se concibió originalmente como acceso al templo, sino como un gran balcón. Ah, y también nos daba otro dato que suele pasar desapercibido: Santiago tiene plaza del Obradoiro y Ourense calle del Obradoiro (Lepanto es la antigua rúa de la obra, "Rúa operis").

Por último una pregunta: ¿Os imagináis como quedaría esa zona si los locales comerciales existentes y los arcos que se adivinan en la pared de esa fachada se abrieran a modo de soportales?. En mi modesta opinión, la plaza ganaría en espacio, y en estética…. Hay lo dejo…..