Seguramente sería mucho más fácil ubicar la fotografía si os dijera que se trata de la calle Hermanos Villar, y más fácil aún si añado que se ve un trozo del Eiró dos Cabaleiros. Sin embargo, esa instantánea se tomó precisamente para ilustrar la noticia del cambio de nombre de la calle San Fernando. El objetivo era honrar a algunos de los artífices de que Ourense fuera conocida como la Atenas de Galicia. Y es que, entre Amador y Saturnino Villar Amor, los hermanos Luis y Juan Xesta, y el fantástico plantel de profesores del instituto y otros centros —como Ferrín, Bóveda, la Rocafull, Martín Mouriño o el matrimonio formado por Hipólito Sinforiano Luengo y Teresa Roquetas al frente de su escuela laica neutral—, las familias ourensanas sabían que dejaban a sus hijos en las mejores manos. Quizás el alumno se llevaba a veces un tirón de orejas o un cachete, pero nadie lo veía como maltrato, porque no lo era. Está claro que el castigo físico hoy se descarta, pero el libertinaje actual tampoco es la solución.
Volviendo a la imagen: el 27 de mayo de 1934 se rindió un caluroso homenaje a los hermanos Villar. La iniciativa nació de un grupo de antiguos alumnos residentes en Vigo, quienes se ofrecieron a costear la placa de la calle realizada en marmol con aplicaciones de bronce. En Ourense la acogida fue magnífica; el propio alcalde de la época, Antonio Álvarez Dopazo, había sido alumno de la academia de los Villar y guardaba un muy grato recuerdo de aquellos años. Y, como contó en el momento de descubrir la placa, recordaba perfectamente sus recreos en la plaza del Cid o del Eirociño (hoy jugar en ella es algo imposible). ¡Bueno! Al menos se pueden degustar ricas viandas...
