Los sistemas de seguridad no eran, ni de lejos, los actuales y, sin duda, las velocidades eran de "cámara lenta"; pero los trenes en los años treinta eran, posiblemente, la mejor opción para los desplazamientos de larga distancia.
Aunque claro, también existían riesgos. A pesar de que el periódico, como veis, manifestaba que ambos trenes iban a gran velocidad, el resultado fue de tan solo cinco heridos leves. Tal vez el hecho de que los trenes tuvieran unas estructuras tan robustas —casi pétreas— colaboró a que no fuera una tragedia. Fue en Ribadavia, en el año 1934... ¡Ya llovió!
