Pocas fotografías son capaces de mostrar con tanta claridad la importancia de una zona de la ciudad. La imponente presencia del Gran Hotel Roma y los autocares de viajeros ya indicaban que este lugar funcionaba, en aquellos tiempos, como una improvisada estación de autobuses. En ese espacio convivían el «bus-taxi» que el propio hotel ofrecía a sus huéspedes con el pequeño autobus que hacía las veces de urbano; junto a ellos, aguardaban también el coche de Verín, el de O Carballiño...
Si nos fijamos bien, también podemos ver la administración de lotería que, hábilmente, se colocó entre la peluquería del Roma y la entrada principal. ¿Quién se iba a resistir a llevarse la suerte de viaje?
La escena se completa con otros detalles interesantes: la presencia de la central telefónica, los carros de tracción animal y, cómo no, el paisano que transita con su bicicleta en medio de la calle del Progreso. Sin duda, eran los primeros destellos de los tiempos modernos...
