sábado, 22 de mayo de 2021

Ourensan@s Inmortales XXI, Antonio de Puga


   El  Ourensano que nos visita hoy, a pesar del desconocimiento de muchos de sus conciudadanos (habiendole dedicado una calle),  es uno de los primeros artistas Gallegos, en alcanzar un significativo reconocimiento a nivel tanto nacional como internacional; hablamos del pintor 

        AnTonio de Puga Rodriguez

“Antonio Puga” (Ourense, 1602- Madrid, 1648

   

   Evidentemente no puedo mostraros ninguna fotografía del artista, pero si de su obra, aquí tenéis alguno de sus cuadros; están distribuidos por las más importantes galerías internacionales. A pesar de que alguna de estas obras esta en Galicia, al formar parte de la colección que en su día era de Caixanova y Caixa Galicia, hoy con las nuevas fusiones, no tengo claro que podamos garantizar que es patrimonio Gallego. (a ver si alguien me lo puede aclarar...

Hoy la biografía que os ofrezco es obra de Susana Calvo Capilla

     Antonio Puga, nacido en Orense en 1602, comenzó su carrera de pintor en Madrid como discípulo de Eugenio Cajés. En 1635, fue su ayudante en la ejecución de dos cuadros de batallas para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, una de las grandes empresas artísticas de Felipe IV.

Después se especializó en retratos, fruteros, paisajes y escenas populares, géneros en los que, sin duda, era muy estimado como lo demuestra el comentario elogioso que hizo de sus obras, en 1641, el embajador del duque de Módena.
También pintaba fondos arquitectónicos para autores como Juan de la Corte.
Sus pinturas, sin embargo, son mal conocidas razón por la cual se le han atribuido obras de género de otros autores.
Según Ceán Bermúdez, que conoció una serie de cuadros de temas «domésticos y triviales» con su firma, tenía un estilo naturalista muy cercano al de Velázquez en su etapa sevillana y al de Murillo, el máximo representante de esta pintura naturalista centrada en protagonistas sacados de la calle.
Se sabe, igualmente, que Puga era un hombre de cierta cultura, a juzgar por el contenido de su biblioteca, donde figuraban obras de filosofía, poesía y teología, así como de pintura, arquitectura y perspectiva.
Tenía, además, estampas y pinturas de sus compañeros de generación o anteriores.
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