Un misterio de 1950.
Los años de posguerra no fueron fáciles, y menos para
familias que habían quedado rotas o que ya con anterioridad sufrían problemas.
El caso más frecuente era el de niños con enfermedades mentales a los que la
falta de ayuda social condenaba en muchos casos al encierro o al abandono. En
el mejor de los escenarios cuando la familia era pudiente, su vida transcurría bajo
una continua vigilancia y en casos críticos el medico incluso aconsejaba que se
les atara.
En la ciudad fueron varios los casos conocidos, pero
son los desconocidos los mas graves, ya que suponían abandonos e incluso
crímenes. Hoy sin embargo no me apetece recordar algo tan desagradable, así que
aprovechare para recuperar una historia que apareció en mis consultas mientras
intentaba documentar sucesos similares. Hoy recordaremos al “Tarzán orensano”.
El personaje
de Tarzán de los monos, creado por Edgar Rice Burroughs, es conocido desde
1912, No obstante no fue hasta la década de 1930
cuando alcanzó fama mundial, gracias a la interpretación del atleta Johnny
Weissmüller en la gran pantalla. En Ourense tuvimos nuestro propio Tarzán aunque su historia fue mucho menos cinematográfica
y su desenlace, aunque satisfactorio, dejó tras de sí numerosas incógnitas.
Todo comenzó la tarde-noche del sábado 2 de
septiembre de 1950.
Un grupo de gente que estaba en torno a las vías del tren en las Caldas, vio a
lo lejos lo que parecía una niña, con ropas raídas y desaliñadas. En un primer
momento la figura intento huir, pero intuyendo que necesitaba ayuda la
siguieron hasta conseguir detenerla. La primera sorpresa, fue su aspecto
totalmente desaliñado, y la comprobación que no era una niña, sino un chico con
el pelo tan largo que le llegaba a la cintura. Iba descalzo y vestía una camisola tan deteriorada
por el tiempo que a duras penas le cubría el cuerpo.
En un primer momento se hizo cargo del niño
Carmen la guardesa de las obras del ferrocarril, quien le proporciono ropa y
comida. Al mismo tiempo se avisaba a las autoridades, que llegaron con la idea
de trasladarlo al asilo de la Barrera, mientras se realizaban averiguaciones.
Durante el
tiempo que permaneció con Carmen, el joven fue incapaz de articular palabra
alguna; solo emitía gritos y sonidos guturales que recordaban a los de un
animal. Una vez ingresado en el asilo, y tras comprobar que no mostraba signos
de agresividad, se le permitió interactuar con otros niños. Estos, en un
intento por comunicarse, comenzaron a recitar nombres al azar para ver si
reaccionaba. Al pronunciar "Javier", creyeron detectar un leve
gesto de asentimiento, por lo que se asumió que ese era su nombre.
Esa estancia en el centro, fue muy breve, ya que el
chico en cuanto pudo se escapó. Tal vez tantas miradas y preguntas fueran
excesivas para alguien que aparentaba llevar viviendo tanto tiempo en soledad.
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El niño jugando con
un reloj en el asilo de la barrera. |
Rápidamente las fuerzas locales se dispusieron en su
busca, pero de nuevo fue una casualidad la que facilito encontrarlo. Entre dos
vagones de la estación, un operario del ferrocarril lo encontró al día
siguiente y nuevamente volvió a recluirse en el asilo de la barrera. Comenzaba
así la labor de intentar identificarlo y explicar que había sucedido. No existía
en los alrededores de la ciudad ningún reporte de desaparición que coincidiera
con sus características, lo que sugería que el joven podría haber estado
vagando por los montes durante más de un año.
Pasado un mes de estancia en el asilo de la
barrera casi se podía decir que estaba integrado, eso sí, pasando por alto
otras dos fugas y otros tantos intentos fallidos. El principal problema era la
comunicación, ya que prácticamente no pronunciaba palabras. Se le notaba
interés y ganas de hablar, pero su vocabulario se reducía a una docena de
palabras que repetía al escucharlas. Un detalle que fue decisivo: en algunos
momentos usó palabras más habituales en Portugal que aquí, como bola por
pelota, o carro por coche….
Eso sumado a
la falta de posibles casos de huida o desaparición en el entorno, obligó a
ampliar el radio de acción, para encontrar su origen. Uno a uno se fueron
descartando los posibles casos de desaparición en la provincia, Al final se
pensó en un posible deambular del muchacho desde algún lugar mucho más lejano. A
esa teoría se sumaba la tendencia del chico a esconderse en la zona del
ferrocarril, lo que hacia pensar en una cierta familiaridad. En esa tesitura las autoridades decidieron
realizar unas fotografías y circularlas por la prensa del norte de Portugal.
«Encontra-se num asilo de Orense (
Espanha) um menor que aparenta 14 ou15 anos, de cabelo castanho e olhos claros.
Que naquela cidade foi encontrado abandonado próximo da estaçao do camino de
ferro. No dia 1 de setembro do ano corrente.»
Foto publicada en los diarios portugueses para
facilitar su identificación.
© Biblioteca Pública de Braga –
Universidade do Minho
No fue de
manera inmediata, pero afortunadamente a finales de noviembre una señora
portuguesa de la zona de Vila Real, se ponía en contacto con las autoridades
para que la ayudaran a recuperar a su hijo al que había identificado en la foto
publicada. La alegría fue inmensa dado que desde el mes de abril en que había
desaparecido mientras jugaba con otros niños en el pueblo de Valpaços, ya se le
había dado por muerto.
Lo que sí se
puede descartar es la mayoría de especulaciones iniciales de la historia que
hablaban de un trágico accidente en el que fallecían sus padres, o de malos
tratos que le llevaron a escapar al monte, incluso se le suponía testigo de un
violento crimen en los montes portugueses. Cierto es solamente que ese muchacho
de tan solo 12 años tuvo que afrontar una experiencia durísima, pero que su
fortaleza de espíritu le permitió resistir un viaje de mas de 100 km entre
Valpaços y Ourense, en el que seguramente se enfrentó a peligros impropios para
su edad, además de ser capaz de alimentarse por sí mismo. Me gustaría saber que
fue con el tiempo de ese muchacho que probablemente aun siga vivo hoy; tendría,
si no me equivoco 88 años, y uno de sus apellidos seria Rey….



