viernes, 8 de mayo de 2026

Cosas de Don José.... Fatima 2026

Año 1954: el templo estaba sin terminar y el altar ni se había comenzado. Aun así, don José se las arregló para que el día de la Santiña todo se viera perfecto. Coloreada con Inteligencia Artificial

 Fátima 2026.

Las ideas de don José

        Hoy, la Santiña aguarda de nuevo la visita de los ourensanos y reclama su compañía para recorrer sus calles en procesión.

    Es bien sabido que, aunque fueron innumerables los vecinos que colaboraron para fomentar la fe en la Virgen de Fátima, hay un nombre que, sin discusión, encabeza todos los esfuerzos: don José (Monseñor José Álvarez González).

    Que nadie se sienta excluido; es cierto que sin la contribución colectiva nada hubiera sido posible. Desde el obispo Blanco Nájera hasta el más humilde albañil, pasando por una legión de niños y todos los vecinos del Couto. No hablo solo de aportaciones económicas —donde cada uno dio lo que pudo—, sino del trabajo físico y los ánimos para seguir adelante.

    Dicho esto, permitidme volver a don José. A medida que investigo la historia del Santuario, no dejan de sorprenderme sus ideas. Al margen de su conocida "pillería" —como cuando en pleno verano, los camiones cargados con material para las obras del Seminario quedaban estratégicamente "atascados" en el barro frente a Fátima—, su capacidad de gestión era inagotable.

    Organizó recogidas de papel, trapos, cristal y chatarra (una labor que el padre Silva también realizaría años después para Benposta, bautizándola como “Trapabocha”). Con la perspectiva del tiempo, sabemos que una de sus mejores iniciativas para recaudar fondos fue la recogida de metales: se lograron reunir más de 1.800 kilos de cobre en forma de cazuelas y monedas, 500 kilos de bronce, 50 kilos de plata, 4 de oro y más de seiscientas piedras preciosas.

    A esto debemos sumar su incansable labor epistolar. Escribía a todos los ministerios y organismos públicos pidiendo ayuda; aunque muchas veces recibía un "no" por respuesta, no se desanimaba. Cuando no era un año era otro, pero algo siempre terminaba cayendo. A quienes procuraba no "exprimir" era a los particulares, pero cuando lo hacía, obtenía resultados: consta, por ejemplo, que el propio Eduardo Barreiros le prestó su ayuda.

    El tema económico era primordial, pero don José sabía que un edificio vacío no servía de nada. Sus esfuerzos se encaminaban a crear un sentimiento de comunidad parroquial incluso antes de que esta funcionara oficialmente. Su filosofía era tan sencilla como brillante: sembrar felicidad en la infancia para asegurar la fe del mañana. El niño que hoy ríe en la parroquia es el padre que mañana guiará a su familia.

    Quienes lo vivieron me cuentan que, en cuanto fue posible, se ofrecieron funciones de cine. No se hacían de cualquier manera: desde el sábado se exhibía la cartelera a la entrada y el domingo, a las tres en punto, comenzaba la proyección. Antes, los niños pasaban por una especie de ambigú con refrescos y chucherías que nada tenía que envidiar a las salas del centro, incluyendo su propia zona de "gallinero".

    Pero el cine fue solo una de muchas. Como podéis ver en el "documento" que os muestro, se formó un club deportivo que distaba mucho de lo que acostumbramos a ver hoy en día, cuando los padres pueden financiar todo lo necesario para que sus vástagos hagan deporte y emulen a sus ídolos.


    En aquellos tiempos, entre don José y los jóvenes se tiraba de imaginación para sacar adelante cualquier misión. Antes de que comentéis nada sobre la ortografía, os aseguro que don José se limitó a dejar que los muchachos utilizaran su maquina de escribir, el texto fue cosecha de los jugadores…

    En este caso, se pretendía crear la Asociación Deportiva Juvenil Fátima, pero sin tener medios ni siquiera para camisetas, por no hablar de un balón. Sin embargo, con ingenio se redactó este flyer que se repartió por todo el barrio. Ya os adelanto que el equipo se formó y tuvo su equipación. Campo reglamentario no, pero es que eso tampoco era tan necesario: el parque Cabañas o los diversos terrenos que había al final de la calle Ervedelo —con más o menos planicie— servían perfectamente para jugar partidos interminables. Como aquel que enfrentó al Fátima con la Juventud del Couto, que terminó 2-4; don José no sabía a quién animar: todos eran sus “monaguillos”.

Esta foto demuestra que al final el club consiguió equipar a los jugadores.

    Es de justicia recordar que supo rodearse de ayudantes de gran valía y compromiso , y aunque seguro que no he conseguido identificar a todos, al menos citar a don Pablo, don Manuel y el padre Barbosa, quienes cargaban con gran parte de la responsabilidad de estas actividades. Muchos "niños" del Couto recuerdan el Club Albatros, todo un exito: deporte todo el año y campamentos de verano en la playa. Lo que hoy parece increíble es que aquellos jóvenes iban andando desde Ourense hasta Vigo, Cangas o Baiona en jornadas de convivencia extraordinaria. El equipo de baloncesto llegó a alcanzar tal nivel que, en cierto punto, tuvo que "medio" profesionalizarse.

El Coro de Fátima

    Don José no descuidó a los mayores. Como párroco, organizaba catequesis, ejercicios espirituales y reuniones de matrimonios, pero siempre bajo la premisa de que la diversión debía estar presente. Así nació el Coro de Fátima, donde niños y adultos compartían cantos (como se ve en la fotografía de mi añorado Andrés Iglesias). También apoyó desde el inicio a la Sociedad Albor, otro proyecto clave para unir al barrio.

    Fueron muchas las ideas de don José; muchas fructificaron y otras, por desgracia, se quedaron en el camino. La cofradía, los Juegos Florales y las peregrinaciones a Fátima son temas que trataremos en próximos años.

Os espero en la procesión...