viernes, 2 de octubre de 2026

A Conchada, Toen. (1927-2011)

La maqueta que los alumnos de la Diputación hicieron del primer diseño, bajo la dirección de Luis Xesta, es la única prueba que tenemos de lo que iba a ser este proyecto. Era mayo de 1929 y la maqueta se expondría en Sevilla y Barcelona. Cuando se iniciaron las obras el parecido era escaso, pero el resultado, mucho más ambicioso…

“A Conchada”

Psiquiátrico de Toen

Hay edificios que nacen con una vocación y acaban teniendo otra completamente distinta. El de Toén quería ser leprosería y terminó siendo psiquiátrico. Tiene su lógica: la lepra casi había desaparecido, pero los locos, ¡ay!!!, esos nunca faltan.

Todo empezó en 1927 cuando alguien tuvo la idea de construir una leprosería para dar servicio a casi toda Galicia. Ourense fue elegida por unanimidad —uno de esos raros momentos en que casi todo el mundo está de acuerdo en algo—. El concello de Toén ofreció los terrenos de los montes de Costeira y Bacariza, en el Lugar de A Conchada (San Pedro de Moreiras) y rápidamente la Diputación provincial los consideró una perfecta ubicación. Buen gesto, aunque la historia que vino después fue, como suele pasar, bastante más lenta y enredada de lo que nadie esperaba. Antes de seguir, un dato: en aquellos tiempos se construía también el sanatorio de Piñor y por esa coincidencia es frecuente encontrar errores en la prensa de la época.

Se encargó el proyecto al arquitecto de la Diputación Antonio Conde Fidalgo, y para 1929 ya tenía hasta maqueta, construida con mucho mimo por el profesor Luis Xesta y sus alumnos. Tan orgullosos estaban que la llevaron a exhibir a la Exposición Iberoamericana de Sevilla, y también a la Internacional de Barcelona, donde proyecto y maqueta recibirían grandes parabienes. Lo que finalmente se construiría ya no se parecía tanto a ella, pero eso es otro cantar.

1929 Conde Fidalgo (X).  en la Expo de Sevilla durante la visita del Rey

Luego llegó el silencio. Años y años sin que el proyecto avanzara un palmo. No hay explicación clara para tanto parón —si exceptuamos el paréntesis bélico—, pero en este país las grandes obras sanitarias siempre han tenido el don de la paciencia infinita. No fue hasta 1944 cuando las cosas volvieron a moverse, y la Diputación cedió oficialmente los terrenos al Ministerio de la Gobernación. Para entonces ya nadie hablaba de leprosería: los pabellones, construidos en piedra con mucho cuidado y detalle, esperaban un destino diferente.

Ese destino llegó con el ofrecimiento al Patronato Nacional de Higiene Mental. Fue el presidente de la Diputación, Rodríguez de Dios —a quien hay que citar con justicia porque sin su empeño esta historia habría quedado en nada— quien vio la oportunidad. La Diputación gastaba cada año una fortuna enviando enfermos al sanatorio de Conxo en Santiago, y aun así registraba quejas frecuentes por la atención que estos recibían. Había alternativas, sí, pequeños centros como el de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en O Couto, pero era muy pequeño y de coste elevado. En Toén tenían edificios, terrenos y carretera. Solo faltaba convencer al Ministerio. Y Rodríguez de Dios lo consiguió. Unas modificaciones serian suficientes: ya no seria necesario tener tan separadas las construcciones, al no ser enfermedad contagiosa, pero ningún edificio debería de tener mas de dos alturas por riesgo de…

Dejaré al margen el tema de las obras, solo citaré a la empresa Rodolfo Lama como la encargada de llevarlas a cabo, y que en la administración de la obra estuvo mi suegro Pepe “Labareda” casi desde el comienzo. Con apenas 14 años, ya conocia por nombre y apellidos a los mas de 400 obreros que a diario tenian que ser controlados para que cobraran puntualmente las horas trabajadas.

Uno de los edificios de A Conchada, fotografiado en 1955. Terminado, vacío y esperando. 

La puesta en funcionamiento fue otra odisea. Desde 1957 se anunciaba la apertura, pero hubo continuos retrasos que fueron venciendo uno a uno con voluntad firme. A finales del 58 llegaron a la ciudad las monjas que se encargarían del cuidado de los internos, las HH. de la Caridad de María Santísima del Huerto, con la experiencia de haber atendido en Madrid el Hospital del doctor Nájera. Ellas gestionarían las compras del ajuar preciso. En enero del 59 se nombró al doctor Manuel Cabaleiro Goas como primer director, pensando que todo estaba a punto, pero… se hablaba ya de una puesta en funcionamiento más que de una inauguración, y el doctor, con la mejor de las voluntades, no tuvo más remedio que señalar las carencias.

Quince días antes de que llegaran los primeros enfermos trasladados desde Conxo, el propio Rodríguez de Dios andaba pidiendo ayuda a los alcaldes de la provincia para reunir las 170.000 pesetas que costaba un encefalógrafo. Sí, han leído bien: el centro iba a abrir sus puertas sin uno de los aparatos básicos de diagnóstico de la época. Fueron muchos los alcaldes que contribuyeron, y no precisamente por altruismo puro: todos pensaban en poder alojar algún día en el centro a alguno de sus paisanos. Porque ya se sabe, aquello de que cada pueblo tenía su tonto. Hoy, ??????. 

 El día que el centro echó a andar, el doctor Cabaleiro aprovechó la ocasión para pedirle al gobernador que mediara para que les instalaran el teléfono. Así, en 1959, a más de doce kilómetros de la ciudad, con enfermos mentales a su cargo, el psiquiátrico de Toén no tenía línea telefónica. Si algún paciente desaparecía, la única opción era mandar a alguien corriendo a avisar a las autoridades. Una situación tan surrealista que casi encajaría mejor en el repertorio de sus propios internos. El personal y los 14 primeros enfermos estaban preparados. El centro, casi…. Entre las carencias, en muchos artículos consultados citan la carencia de instalaciones preparadas para internar a mujeres, y de hecho jamás se construyeron, al final se acondicionó una zona del edificio general para albergar a 30 pero era a todas luces insuficientes. Por no recordar que eso ya fue en los 80….

Capitán Bombilla. un personaje  entrañable

Y aquí viene la parte que más me gusta de esta historia. En el sanatorio residían personajes de los que yo llamo entrañables. Uno de ellos era Emilio, más conocido como el Capitán Bombilla, aunque también le llamaban Emilio O Do Toxo. Durante muchos años había vivido en la ciudad, durmiendo en el horno de Camilo en el Puente o en el de Chaparro en la avenida de Buenos Aires, cuando no en cualquier portal. Emilio estaba considerado loco, pero si lo veías hablando con los niños te entraban serias dudas sobre quiénes podían ser los locos y quiénes no. En sus últimos años, quizás de manera acertada, se decidió llevarlo a Toén. Allí, sin uniforme ni gorra ni toxos ni bombillas, admitía que Toén era su casa, que allí estaba su familia.

A Conchada fue eso para mucha gente: un lugar con historia, con raíces, con personas. Cierto alcalde de Toén solía decir que sin sus "locos", el municipio se habría muerto de olvido. Una enfermedad, esa sí, muy difícil de erradicar en estas tierras.

La inauguración oficial, por mis datos, aún se espera. Lo que si es bueno recordar es que el centro sirvió además de para dar asistencia a un buen numero de enfermos, para que se formaran excelentes psiquiatras que han dejado y dejan huella en la psiquiatría actual… Lamas, Cabaleiro….


jueves, 1 de octubre de 2026

1936 Sala de dibujo, Escuela de artes y oficios

La I.A. como sabemos incurre con frecuencia en errores, supongo que de manera intencionada, pera aprender de sus errores. no creo que el techo del aula fuera abovedado.

Continúo aprovechando las virtudes de la I.A., que las tiene, lo mismo que defectos.

Hoy os muestro lo que se puede hacer con una fotografía de la que solamente he conseguido esta copia casi indescifrable. Por el texto que la acompaña sabemos que se trataba del aula de dibujo que la Diputación había creado en 1936.

No voy a aburriros con datos, pero quizás interese recordar que estas aulas son útiles para la sociedad desde 1857, cuando por ley se decidió crear, en poblaciones que llegasen a las 10 000 almas, una clase de dibujo lineal y de adorno con aplicación a las artes mecánicas. Algo tan sencillo como dibujar era muy necesario para múltiples profesionales —carpinteros, albañiles, herreros, etc.— y con estas clases se mejoraría significativamente su técnica.

Desde ese año de 1857, su funcionamiento fue muy cambiante según la coyuntura y el interés de los políticos de turno. Sin embargo, en 1924 se creaba la «Escuela Obrera de Dibujo». Con la llegada al puesto de Luis Fernández Xesta, el centro comenzó su momento de mayor esplendor. En los primeros años fue un local del instituto el que ocupó la escuela, hasta el incendio de diciembre del 27.

En esos años el profesor Xesta se había significado como un excelente formador de obreros y artistas en las técnicas del dibujo. Hoy sabemos que don Luis no se limitaba al dibujo, y que sus alumnos eran capaces de realizar trabajos en varias disciplinas. La maqueta que se hizo para mostrar cuál era la idea de Antonio Palacios para la Leprosería de Toén sirvió de ejemplo. A raíz del trágico incendio regresó el problema de la ubicación del centro, y tengo que admitir que no he conseguido desenredar la trama al completo. Me consta que se buscó un local de manera urgente, pero que en poco tiempo se consideró insuficiente, trasladándose la escuela a la calle Luis Espada —hoy Alejandro Outeiriño y Cardenal Quiroga—, donde sé que estuvo a finales del 29. Al año siguiente se decidió que ocupara las instalaciones que había dejado vacantes la antigua Inclusa, en el edificio del hospital de Las Mercedes, y se le cambió el nombre: de Escuela Obrera Provincial pasó a Escuela Provincial de Artes y Oficios. De allí, salvo error, es la fotografía que os muestro, con la firma de José Pacheco.

En ella vemos que compartían aula los alumnos de dibujo artístico y lineal, en una sala muy luminosa. La sala me recuerda sospechosamente al comedor que durante un tiempo visite como alumno del Colegio Menor?????


 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Los Villares en San Fernando

    Seguramente sería mucho más fácil ubicar la fotografía si os dijera que se trata de la calle Hermanos Villar, y más fácil aún si añado que se ve un trozo del Eiró dos Cabaleiros. Sin embargo, esa instantánea se tomó precisamente para ilustrar la noticia del cambio de nombre de la calle San Fernando. El objetivo era honrar a algunos de los artífices de que Ourense fuera conocida como la Atenas de Galicia. Y es que, entre Amador y Saturnino Villar Amor, los hermanos Luis y Juan Xesta, y el fantástico plantel de profesores del instituto y otros centros —como Ferrín, Bóveda, la Rocafull, Martín Mouriño o el matrimonio formado por Hipólito Sinforiano Luengo y Teresa Roquetas al frente de su escuela laica neutral—, las familias ourensanas sabían que dejaban a sus hijos en las mejores manos. Quizás el alumno se llevaba a veces un tirón de orejas o un cachete, pero nadie lo veía como maltrato, porque no lo era. Está claro que el castigo físico hoy se descarta, pero el libertinaje actual tampoco es la solución.

    Volviendo a la imagen: el 27 de mayo de 1934 se rindió un caluroso homenaje a los hermanos Villar. La iniciativa nació de un grupo de antiguos alumnos residentes en Vigo, quienes se ofrecieron a costear la placa de la calle realizada en marmol con aplicaciones de bronce. En Ourense la acogida fue magnífica; el propio alcalde de la época, Antonio Álvarez Dopazo, había sido alumno de la academia de los Villar y guardaba un muy grato recuerdo de aquellos años. Y, como contó en el momento de descubrir la placa, recordaba perfectamente sus recreos en la plaza del Cid o del Eirociño (hoy jugar en ella es algo imposible). ¡Bueno! Al menos se pueden degustar ricas viandas...

martes, 29 de septiembre de 2026

Long Play, en el deporte y un personaje entrañable

 
1.- "Holandes".  2.- Alberto. 3.- XXX. 4.- Joaquin "Xocas". 5.- Sergio. 6.- XXX. 7.- "Tambo". 8.-  XXX. 9.- Lalo. 10.- Gori. 11.- Emilio. 12.- XXX. 13.-Raul Sas. 14.- Guinda.

En los años setenta, la juventud suplía la falta de teléfonos móviles y demás modernidades con el deporte. Incluso, como veis, las discotecas de moda colaboraban para que eso se pudiera llevar a cabo. Cierto es que, en ocasiones, esto ocurría porque los dueños eran gente joven a quienes les gustaba jugar y, así, se aseguraban de que el míster los sacara al campo... (ya sabéis que a veces se me ocurren ideas peregrinas).

En esta fotografía vemos a los clientes de Long Play, la decana de la noche ourensana, con una copa que esta vez sí se puede subir sin miedo a dañar el hígado ni nada de eso. El gran Sergio la levantaba con orgullo, ya que él era el presidente de ese grupo de amigos.

En algun caso solo sé el apodo pero  a ver si alguien me puede completar los datos....



lunes, 28 de septiembre de 2026

Cine en el principal 1927


Cuando os conté los inicios de la historia de las salas de cine ourensanas, intenté dejar claro que esos difíciles comienzos tuvieron buen fin gracias a la intervención de Rogelio Tourón. Aquí os recuerdo parte del comentario:

Touron ya era un gran empresario, cuando llegó a nuestra Auria (David Paz Novoa en su artículo "los Inicios del Cine en el Liceo", publicado en el libro de los 150 años de esta sociedad, nos habla de este personaje); Linares Rivas de La Coruña, Royalty en Vigo, Teatro Villagarcia en Arosa,… eran algunas de sus salas. (Como representante de la empresa de espectáculos Méndez Laserna tenía fácil acceso a la distribución). En Ourense tenia raíces familiares y por ello no duda en hacerse cargo en primer lugar del Principal que inaugura en enero del 26, seguidamente en marzo recupera la sala del Liceo, en el verano de ese año se hace con la gerencia del Cine España de Ribadavia, y hacia finales del verano (25 de Agosto) inaugura el Cine "Buenos Aires" (en sociedad con Modesto Madriñan; cine al aire libre situado en la Avda. del mismo nombre, desconozco donde exactamente, pero parece ser que en el entorno del que fue asilo…), los resultados debieron ser buenos y al año siguiente (1927) en junio abre en la alameda con gran éxito de público el "Salón Ideal Cinema"

Hoy, aprovechando que encontré este programa de cine, os doy otro dato. Tourón era un empresario con visión del negocio, y no dejaba de lado los temas publicitarios; sabía que la mejor forma de que no funcionara el negocio era que no se conociera. Por eso las carteleras de sus salas tenían siempre imágenes llamativas que terminaron convirtiendo en costumbre el acercarse a verlas para conocer la película que se proyectaba. Pero junto a eso, no dejaba de lado los anuncios en prensa, y comenzó a seguir la costumbre de editar programas que se regalaban por las calles.

Si os fijáis en la foto de hoy, notaréis que buscaba calidad...