viernes, 20 de marzo de 2020

Calles de Canedo


En 1933 con motivo de las fiestas de Santiago el diario Pueblo Gallego publicó un reportaje sobre el barrio.

Las calles de Canedo
     Antes de empezar, pido disculpas por la infame calidad de las imágenes que hoy os presento, pero como sabéis en estas cosas del pasado, hay que aprovechar lo que hay. (Para que podáis reconocerlas os muestro otras similares).
    Hoy mi intención es como en tantas otras buscar vuestra colaboración para desentrañar viejas historias. ¿Sabéis que en el Puente, hubo una Avda. de Pablo Iglesias y algunas mas con nombres olvidados?
Me cuenta el amigo Manolo Domínguez www.Canedo.eu que mas que calles antiguamente lo que había en Canedo eran barrios y los viales eran caminos en muchos casos desaparecidos al urbanizarse la zona, no se perdieron así los nombres del conjunto, reconvertidos en calle la mayor parte de casos, aunque os confieso mis dudas sobre si seria al revés: fueran calles que dieron nombre a varios barrios.....: Rincón, Quintian, Bellao, Ribeiriño, Peliquín, Guizamonde, Tapias, etc., pero si se perdieron los de vías: Camiño do.... Campo da....
 El caso es que al menos en la preguerra cuando Canedo, aun independiente vivía unos de sus mejores momentos en lo económico y social, se bautizaron algunas calles con nombres que después se cambiaron y de alguna manera fueron cayendo en el olvido, hasta el punto de que ahora mismo nadie o casi nadie los recuerda. Yo busco precisamente despertar la memoria de esos “casi nadie” que seguro que los hay, para que me puedan dar viejos nombres y si es posible ubicarlos. Las dos fotos de hoy aportan mucha información, en la imagen y el pie de foto.  La primera en la que nos dicen que vemos la calle Galán (Fermín Galán y García Hernández) al fondo Ourense, nos deja claro a quienes sabemos que el puente de hierro atravesaba As Caldas a la altura del parque; en dónde nos encontramos:  Al menos entre 1933 y 1935; As Caldas se llamaba de Galán y García Hernández. De aquellas al igual que hoy era una de las principales arterias del Puente, allí estaban los mejores negocios: Casa Tabaco de Julio Vázquez (10) y la de Feliciano Glez. (17) hospedajes de fama reputada, Ignacio Tabares (2) que no precisa presentación, Talleres José Montes (31), Tejidos “La Verinense” (4), Ultramarinos de Valerio Puértolas (11), de José Ramos (7) y Emilio Sánchez (4); no quiero aburriros con datos, ya que pienso que no quedan dudas sobre la importancia en aquellos años de esta vía. Aunque para ser honesto, tengo que decir que en aquellos tiempos todo Canedo era una economía “emergente” para utilizar un término hoy muy de actualidad.

Avda. de Pablo Iglesias en 1933, Avda. de Santiago años 60

   La avenida de Pablo Iglesias albergaba negocios pujantes de aquellos tiempos: Coloniales Ramón Menéndez 5, Antonio Tabares 17, Agencia Sarmiento 19, Transportes Cadavid, Gaseosas Manuel Domínguez, etc. Quizás que la estación estuviera justo enfrente lo justificara. Si aun no os habéis dado cuenta estamos en el comienzo de la avenida de Santiago. (No os despistéis, de aquellas solo llegaba hasta donde hoy está el puente que “salva” la avenida de Marín).
Espero haber despertado vuestra curiosidad, porque son más las calles que tuvieron otro nombre en esos años y seguramente tuvieran con anterioridad otros. Me consta la existencia de la Calle Riego, hubo una calle Galdós, otra Calle de Costa (hoy Ribeira de Canedo??), Pi y Margal; y aun recuerdo pasar por General Aranda, ya que como era de esperar el primer cambio de nombres se hizo para eliminar los que la Republica había instaurado, así “nacieron” las de los generales, además de Aranda ya citado, Moscardo, Mola y Queipo de Llano.

¿Sabíais que a pesar de la importancia del barrio no consiguió atraer a más que un editor para tener diario propio? Este fue “El Cínife”, un diario satírico con frecuencia semanal que tuvo una vida muy corta. (1894-95)








 
Son muy pocos los nombres que he podido recuperar de antes, y no me extrañaría que al final hubiera que reconocer que hasta los años 30, los pontinos se guiaban por datos de todos conocidos, como: al lado de la casa Ogando, enfrente al Tabares de arriba, junto la Casa Abeijon.....
     Un nombre es el de Calle de la Estación, y para eso la simple lógica hizo que cambiara de ubicación, ya que estuvo (1925) en la actual Vicente Risco lugar de la vieja estación de Canedo, y después paso con la estación Empalme a la que hoy conocemos como Avda. de Marín, eso sí al menos la plaza situada delante del Empalme conserva su nombre Plaza de la Estación. Otro de los más antiguos fue el socorrido de Carretera Vigo Villacastín, primer nombre supuestamente de As Caldas en disputa con el de Carretera del Puente Viejo, (usado en los primeros años 30), de ese estilo pero aun en vigor desde al menos el 1927 es la Carretera de Santiago, hoy Avenida. Y como último dato comentar que la calle Alejandro Pedrosa (marques de Guizamonde) tiene ese nombre desde al menos 1931.... Ramón y Cajal...
A pesar de ser el tercer capítulo que publico sobre este singular Canedo, aún queda mucho por contar, así que volveré.....

miércoles, 18 de marzo de 2020

Recuerdos a los parientes de America, Cesar Fernandez Portal


Fotos como esta, son tesoros habituales, pero no en los álbumes ourensanos, (si acaso una copia puede haber quedado en casa). Aquí se hacían y con todo el cariño se enviaban en una carta que encerraba muchas lágrimas y sentimientos. Eran las fotografías que se enviaban a los parientes que estaban en el "extranjero", y digo asi por que en muchos casos ni se decía dónde era ese lugar, solo queríamos tener claro que no estaban aquí.

Esta en concreto me la envia el amigo Cesar Fernandez Portal, y muestra a su familia posando para los parientes en concreto de América. Este es el texto que me acompaña a la foto:

    De mi padre es esta fotografía de 1950 aprox: foto de Familia con su mejor vestimenta para enviar a los hermanos emigrados en EEUU ( " .... no Norte" ). Padres, hij@s y ti@s solteros....
La Sra, " chave da casa como se decía ", a pesar de la pose elegante y sonriente, manejando " en directo" para la foto, "o fuso e o novélo de lana" en actitud de estar hilando.... Siempre las acompañaba y era su ser, en la cocina, en el monte, en las reuniones..... Vaya que; pose si, pero cada uno en lo suyo....

martes, 17 de marzo de 2020

Ni pan ni Circo, colaboración de Rafael López Villar

En 1949 El Circo Americano actuaba en la Alameda Ourensana, a provincias no era habitual que llegaran espectáculos de tal magnitud, pero Ourense siempre tuvo ciertos privilegios en cuestiones de Circo.
      
Rafael López Villar nos regala una nueva colaboración, y en este caso con un tema de los que me apasionan: El Circo y la familia Feijoo en particular, a pesar de que  Rafael confiesa que no  lo disfrutaba como la mayoría de niños debido a una mala experiencia, de alguna manera el que nos escriba estas letras indican que una huella dejó en su infancia.

Espero que os guste el relato, y permitidme que aproveche de nuevo para reafirmar mi admiración por esa familia circense Ourensana, que aún a día de hoy continúa cosechando éxitos con varios espectáculos, pero especialmente con El Circo de los Horrores del entrañable Suso Silva.
Un Fuerte abrazo. Y felicidades.


       "Entiendo, asumo, y en cierta forma me enorgullezco de ser un poquito especial, de salirme un poquito de la norma, o al menos de mostrar muy poquito de todo lo que me apetecería salirme de la norma. Y lo digo y anticipo porque, al contrario de la mayoría de los mortales, que o no creen en él o lo ven lleno de llamas y tridentes, tengo muy claro como es el infierno y cuáles son sus tormentos principales.

El infierno es un lugar donde se hace bricolaje todo el día y si quieres divertirte te llevan al circo. Hay pequeños tormentos supletorios como comer pan con chocolate o bocadillos de jamón, o mantener diálogos estúpidos en redes sociales, pero eso es, como diría un catalán, a más a más.
Y saco a colación esta pequeña reflexión porque cuando digo lo del circo todo el mundo me mira muy raro, bueno y lo del chocolate, y lo del jamón. Como si mi poco aprecio del circo fuera una pérdida de la inocencia infantil, una adultez epatante. Pues no, parece ser que en cuestiones circenses mi inocencia no venía en el paquete de base, porque nunca me gustó el tan alabado espectáculo. El mayor del mundo, dicen.
La mayoria de musicos y tramoyistas eran Ourensanos, estos eran la banda del Circo París, una de las muchas referencias de los Feijoo.

      Mi niñez discurrió, mi niñez madura digamos, allá por finales de los cincuenta y los sesenta, época aquella en la que un empresario de ascendencia orensana era uno de los grandes empresarios del Circo en España. No había Circo, en aquellos años de memorias encontradas, que no estuviera bajo la batuta empresarial de Feijoo y Castilla. Y Feijoo estaba en el círculo de amistades de mi padre y de mi tío Julio. Como también eran amigos de la familia Silva, del Padre Silva y de su hermano Pocholo, siento usar el nombre familiar pero ignoro el real, también con vínculos en el mundo circense.
El caso es que, de amigo a amigo y tiro porque me toca, no había espectáculo de circo en Madrid del que no llegaran a casa, puntualmente, las entradas correspondientes.
Todos los espectáculos del Price, del antiguo, del que estaba en la Plaza del Rey, El Gran Circo Americano, El Circo de La Ciudad de los Muchachos, todos, todos, absolutamente todos los espectáculos recibían inevitablemente la visita del funcionario de alto rango de turno y la de mi hermana y la mía. Porque ir al circo era para nosotros tan habitual como ir a una sesión continua en el cine los días de lluvia o al retiro los días que el tiempo lo permitía.
Incluso cuando, con motivo del rodaje de la famosísima película ad hoc, se vació el estanque del Retiro para montar allí un colosal escenario y los paseos circundantes estaban llenos de extras, tramoyistas y personal vario, también allí estaba yo, aunque en aquella ocasión, como no había función ni artistas, yo disfrutara algo más de la visita.
¿Y quién le pregunta a un niño si le gusta el circo? ¿Quién puede concebir que exista un niño tan raro que no le guste el mayor espectáculo del mundo? Mis padres desde luego no. Es más, cuando ya un poco más mayorcito yo intentaba explicar mi fobia al circo me encontraba con la ancestral negativa de mi madre a reconocer cualquier inconveniente en mi infancia, cualquier innecesaria discrepancia con su verdad oficial.

Pocos niños pueden presumir de haber visto en directo a las mayores estrellas del circo de aquellos años. A Pinito del Oro, a Charlie Rivel, a Miss Mara, a los Wallenda, padres e hijos, varios de los cuales cayeron cruzando las Cataratas del Niágara, a Zampabollos y Nabucodonosorcito, a los hermanos Tonettí , a Roberto Font, y tantos más, acróbatas, equilibristas, funambulistas, domadores de todo tipo de animales, magos, antipodistas…
Pero debo reconocerlo, y por eso nunca me gustó el circo, pocas veces vi más de cuatro o cinco segundos seguidos, en directo, la actuación de alguno de ellos, a pesar  de estar presente. Yo veía las sombras que los focos proyectaban sobre el suelo o sobre la carpa, miraba entre los dedos cuando la música daba un descanso, descansaba cuando acababa un número y hasta que empezaba el siguiente. Veía cuando las fieras recorrían la jaula pasillo que los llevaba hasta la jaula central y hasta, justo, cuando el domador abría la puerta para introducirse en la jaula donde ya lo esperaban los tigres, los leones, lo osos, o cualquier otro espécimen que fuera a ser manejado. Y lo no veía desde tan cerca que una vez que un caimán, en una pirueta,  cayó fuera de la pista fue a aterrizar en el regazo, en el colo, de mi tío Ramón, Ramón Cid Tesouro, sentado a  mi lado. ¿Qué cómo acabó el sucedido? No tengo ni idea, mi mente está en blanco a partir de ese momento.
Nunca he soportado los espectáculos de riesgo, nunca he disfrutado del peligro ajeno, rara vez del propio, y mi infancia estuvo plagada de tardes de circo, del Circo Price, del Circo Atlas, del Circo de la Alegría, del Circo Americano, del Circo de la Ciudad de Los Muchachos. Pues eso, rarito.
Ya de mayorcito, con hijos crecidos y en la universidad, decidí asomarme al Circo del Sol, afamado espectáculo revisionista del circo tradicional. Eso sí, por mi cuenta. Esta vez ni el señor Feijoo, ni su socio el Sr. Castilla, tuvieron nada que ver con mi decisión. Increíble el espectáculo, el montaje, el vestuario, los decorados, la música y los actores. Pero, como le pasaba a un conocido mío cuando hablabas de cine, solo había dos posibilidades a la hora de evaluar una película: o una película era globalmente buena o si empezabas a valorar el guión, la fotografía, las localizaciones, inmediatamente te acotaba el comentario con rotundidad: “O sea, una mierda de película”. Pues eso, que aprecié el espectáculo pero no me gustó en absoluto.
Don Manuel Feijoo, jienense de nacimiento, hijo de Secundino Feijoo, natural de Celanova y fundador del circo Feijoo, nunca fue consciente del infierno que otro niño orensano, de extrarradio como él, sufría varias veces al año gracias a su gentileza.
Pero no hay circo sin pan, y cuando encima la merienda, que indefectiblemente nos acompañaba, era pan con jamón, apaga y vámonos.
Pero este pan ya es de harina de otro costal, de otros recuerdos. Hoy he preferido asomarme, entre los dedos, mirando a los reflejos de los focos, a mis entrevistos recuerdos del circo. Y os aseguro que cuando pienso en cometer alguna maldad mayor, pocas veces, que conste, me acuerdo del circo y se me pasan las tentaciones. ¿Qué soy un exagerado? En todo caso ya lo dije al principio, simplemente rarito.

Rafael Villar Marzo 2020

lunes, 16 de marzo de 2020

Aurelio F Román. "Román y Saco" Diario La Acción 1922

Las numeraciones de edificios en Ourense son un tremendo galimatías, Gulias construyó en Pereira 18 pero hoy es Pontevedra
   Continuo aprovechando esta joya que me puso delante la amiga Maria Isabel Quintas Campos. Un articulo publicado en el diario La accion en 1922 con motivo del corpus Ourensano. 


     Hoy visita el blog uno de los más longevos negocios de la ciudad, la Farmacia Román; asi era y es conocida aún por muchos ourensanos, pero no es exacto, hoy sin duda ya no tiene nada que ver con ese nombre aunque continúa dando servicio a la ciudad.

Entre mis artículos pendientes, figura uno sobre esta Farmacia, pero no quería reservarme la gran cantidad de datos que en esta referencia obtenemos. .... Nació la botica en 1890 de la mano de Aurelio Fernández Román 

Farmacia de Aurelio Fernández Román (La Acción 1922)

         La dificultad para encontrar datos en algunos casos es muy alta, y este es uno de ellos.  Si podéis aportar alguno os lo agradecería.  Yo con vuestro permiso voy a plantear una hipótesis basada en datos conocidos, pero con un buen componente de especulación:
       El primer dato conocido,  es octubre de 1887, en el que: Aurelio Fernández Román obtiene premio extraordinario de la licenciatura en farmacia por la universidad de Santiago de Compostela, lo que me hace pensar que nació en torno a la década de los 60 (siglo XIX); aunque un dato muy próximo en el tiempo: al mes siguiente se presenta a las oposiciones del cuerpo de Farmacia Militar, obteniendo la sexta nota. (Puede indicar que con anterioridad había estado en el ejército).

      Desconozco si ese puesto en la oposición daba opción a plaza o no, pero lo cierto es que en 1890 Aurelio abre su botica en la ciudad (una de las 7 existentes en ese momento). Y aquí me surge otro problema: la dirección era Progreso 53. Hoy edificio de correos, pero en los comienzos del siglo XX, toda una incógnita. Ourense como sabéis ha experimentado cambios en los nombres de sus calles, de todo tipo, pues el tema de la numeración es otro gran galimatías; para no extenderme, os facilito los datos contrastados que tengo: en 1885 el Banco de España estaba en Progreso 45 con lo cual el 53 estaría entorno al actual edificio Taboada (una de las joyas de Gulias), sin embargo en 1910 el número 45 de Progreso era donde muchos recordáis Foto Sanjurjo, con lo cual el 53 estaría casi en la esquina de la calle Reza. Bufff.

      El siguiente dato nos confirma que se casó (Oct. 1894) con Engracia Méndez Brandon, dama perteneciente a una familia de grandes juristas (con incursiones en la política nacional) celanoveses. Instalado en lo profesional y asentado en lo personal, Aurelio se centra en su trabajo, y no es extraño ver publicidad de sus fórmulas en prensa de la época. En estos días registra varias patentes de fármacos: su Tónico Reconstituyente y su Jarabe de Hipofosfitos; quizás su participación en la Feria de muestras de Lugo 1896 sea el hito más significativo de esa época. A esa feria presento 5 productos: Vino Peptona, Creosota Fosfatada, Vino de Kola, Vino de Quina y Emulsión de Aceite de Hígado de Bacalao....
      Poco más puedo aportar, ya que por mis datos en 1905 fallece, y su viuda tiene que hacerse cargo de la farmacia durante un periodo que debió de rondar aprox. los cuatro años. Hacia 1910 se la traspasa al que podría ser su cuñado Modesto Fernández Román y un socio Saco, quienes se encargan del traslado al edificio que Gulias diseña en la alameda Ourensana donde hoy todos la identificamos (aunque tuvo otro pequeño cambio de ubicación), pero ya seguiré contándolo otro día...


Creo que el investigador e Historiador Xosé Ricardo Rodríguez Pérez, podria darnos unos cuantos datos muy interesantes sobre los Román.  
En su envidiable blog https://estudiosgenealogicos.wordpress.com. cita a la familia por sus raíces Cervatas (de Villardeciervos, Zamora), y los situa en la villa de Celanova,   pero me gustaría contar con su colaboración para continuar.....